El filosofá

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vía desmotivaciones.es

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Cien razones, cien, para salir con un/una filósofo/a

Seguramente estas 100 razones las habréis leído en otros sitios pues están por toda la red, pero a mí, personalmente, me hacen mucha gracia así que las reproduzco aquí en mi blog.

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1 Porque, por supuesto, sólo con nosotros una relación será verdadera y genuinamente platónica.
2 Porque los filósofos lo queremos conocer todo… especialmente ¡a tí!
3 Porque siempre escucharemos tus ideas y además encontraremos la forma de entenderlas.
4 Porque si eres capaz de escucharnos sin volverte loco/a, podemos hacerte ver el mundo de mil maneras distintas sin salir de casa.
5 Porque te recitaremos bellos pasajes filosóficos en las noches de verano.
6 Porque tenemos toda una colección de palabras exóticas y extravagantes para definir lo más profundo de tu ser.
7 Porque haríamos lo imposible por ti: por ejemplo acercarte el mundo de las ideas a la cama.
8 Porque cuando hables nunca pensaremos que tus palabras son estupideces o tonterías, a lo sumo sólo sofismas.
9 Porque con nosotros las conversaciones nunca serán superficiales e insustanciales.
10 Porque si las cosas no funcionan bien o salen mal, nunca te daremos banales explicaciones, sino sólidos argumentos.

11 Porque para nosotros nunca serás un medio para un fin, sino un fin en sí mismo (y sabremos explicarte el porqué).
12 Porque nos preocupamos menos por la belleza física y más por la belleza en sí misma.
13 Porque sabemos qué es lo que está bien y lo que está mal, lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso… y si no, nos lo inventamos. Somos gente muy, pero que muy, creativa.
14 Porque fundamentamos las cosas.
15 Porque podemos entender cualquier libro.
16 Porque no necesitamos hablar otro idioma para que dejes de entendernos.
17 Porque seremos la única pareja que no te pida la verificación de tu amor, sino su falsación.
18 Porque a nuestro lado mejorarás tu vocabulario sí o sí.
19 Porque podemos salvar tu vida demostrándote que otra gente es más miserable que tú ética, lógica, epistemológica, ontológica, estética, óntica y hasta metafísicamente.
20 Porque en esta sociedad irreflexiva somos cada vez menos y más difíciles de encontrar. Según las leyes de la oferta y de la demanda eso revalorización positivamente y nos convierte en mercancía exótica. ¡No nos dejes escapar!

21 Porque a todo el mundo le parece que hemos estudiado una carrera muy bonita.
22 Porque no sólo tenemos buen gusto estético, sino que sabemos por qué es estético y qué es la estética.
23 Porque siempre llevarás una enciclopedia contigo.
24 Porque podemos corregir a cualquiera con argumentos lógicos.
25 Porque nunca perderás una discusión si estamos de tu lado.
26 Porque sabemos cómo hacer parecer a otros idiotas dejándoles hablar y haciéndoles un par de inocentes preguntas una vez han acabado.
27 Porque somos una garantía segura de victoria en una partida de Trivial.
28 Porque la física la inventamos nosotros.
29 Porque no nos bastó la física y tuvimos que ir más allá e inventar la metafísica.
30 Porque sabemos darle la vuelta a las cosas, la peor situación puede convertirse… ¡en buena!

31 Porque sólo los filósofos podemos sacar referencias filosóficas a todo. Como que El Rey León es una peli existencialista (El león que toma consciencia de la muerte a través de la muerte de su padre) y hedonista (el león que se vuelve un vividor al tomar contacto con un jabalí y un suricato).
32 Entendemos la política mejor que nadie.
33 Porque tú también tuviste ese profesor de filosofía en el instituto que molaba tanto.
34 Porque sabemos cómo matar dioses a martillazos.
35 Porque podemos darte clases de griego gratuitas.
36 Porque somos amantes ideales (es decir platónicos)
37 Sabemos hacerlo más profundo.
38 Sabemos hacerlo más convincentemente que nadie.
39 Somos sistemáticos y, por ellos, no dejamos ningún punto sin tocar.
40 No por nada fuimos nosotros quienes inventamos el hedonismo.

41 Conocemos un montón de posturas y posiciones diferentes y sabemos cómo llevarlas hasta las últimas consecuencias.
42 Siempre pensamos en ello.
43 Y además estamos abiertos a cualquier idea.
44 Porque sabremos entenderte y ayudarte cuando sufras una crisis existencial (siempre y cuando alguna vez salgamos de la nuestra).
45 Porque sabemos qué puedes saber, qué debes hacer y qué te cabe esperar.
46 Porque si ya no te quedan opciones, estamos normalmente solteros (demasiado ocupados planteando la pregunta por el ser del ente).
47 Porque solipsísticamente nadie puede tener la autoestima más alta que nosotros: ¡¡cada uno de nosotros somos el dios de nuestra propia realidad!!
48 Porque a nuestro lado tus preguntas nunca sonarán absurdas.
49 Porque Aristóteles nos enseñó que el amor se dice de muchas maneras.
50 Porque nosotros hemos aprendido que el amor se hace de muchas maneras.

51 Porque conocemos la diferencia entre mentira, sofística y retórica.
52 Porque nunca te mentiríamos: ¡estamos demasiados comprometidos con las verdad!
53 Porque podemos enseñarte mejor que nadie a tomarte la vida con filosofía.
54 Porque sabemos cuando no sabemos nada.
55 Porque nosotros inventamos el método.
56 Porque un/a filósofo nunca se queda sin tema de conversación.
57 Porque sabemos la etimología de las palabras, incluso sabemos la etimología de la palabra ‘etimología’.
58 Porque nunca perdemos el tiempo, vamos siempre a lo esencial.
59 Porque si tienes un problema, somos capaces de darte un punto de vista diferente.
60 Porque nuestros hijos tendrán, clases extra-escolares en las asignaturas de Ética, Filosofía, Hª de la Filosofía, Psicología, Antropología y Cultura Clásica.

61 Porque saliendo con un filósofo aumentan las posibilidades de que tu hijo sea un/a estudioso o un/a intelectual.
62 Porque somos más creativos que los pedagogos: ellos tienen las técnicas de estudio; nosotros el conocimiento y el método para llegar a él.
63 Porque sabemos integrarnos en cualquier conversación cualquiera sea su temática. Por eso será más sencillo que no tengamos problemas al conocer a tus padres y nos llevemos bien con la mayoría de tus amigos.
64 Porque podemos ser tan idealistas o realistas como tú nos pidas (metafísica- o epistemológimente hablando, claro).
65 Porque somos fáciles de contentar: si por Navidad o por nuestro cumpleaños nos reglas una palabra acabada en “-idad” o “-ismo” que no conociéramos, conseguirás dibujarnos una sonrisa en la cara.
66 Porque somos expertos en la deconstrucción del fundamento de tus problemas.
68 Porque nunca haremos nada malo o incorrecto a menos que vayan contra nuestra ética lo cual sería irracional.
69 Porque gracias a la epogé sabemos cómo desconectar y dejar de escucharte, por lo que nunca tendrás que arrepentirte por las barbaridades que no hemos oído.
70 Porque sabremos que te queremos clara y distintamente

71 Porque podemos contarte los problemas más inquietantes y emocionantes del mundo.
72 Porque cuando no te puedas dormir, también podemos contarte los problemas más aburridos del mundo.
73 Porque el amor, como cogitatio, nos hace poder decir “te amo, luego existo”.
74 Porque junto a los filólogos, somos los únicos capaces de entender a Chomsky, padre de la Lingüística moderna, pero además entendemos a Wittgenstein (Filosofía del lenguaje)
75 Porque los historiadores saben de historia, nosotros sabemos la dialéctica de la historia (Filosofía de la historia)
76 Porque los abogados saben de leyes, nosotros sabemos el fundamento del derecho (Filosofía del derecho).
77 Porque los científicos saben de ciencia, nosotros sabemos lo que la ciencia puede o no conocer (Filosofía de la ciencia).
78 Porque podrás fardar de biblioteca cuando tus amigos vengan a casa
79 Porque no solo te amaremos a ti, sino también a todas tus determinaciones.
80 Porque después de leer a Kant podemos decir que tenemos una paciencia y templanza de acero.

81 Porque tenemos milenios de experiencia acumulada.
82 Porque en el 300 a.C. ya sabíamos que los átomos existían.
83 Siempre aparecemos en las citas célebres.
84 Porque una vez que te enseñemos qué es la ataraxia y cómo lograrla te ahorraremos una fortuna en medicamentos y terapias anti-estrés.
85 Porque siempre le daremos el toque distinguido e ilustre a las tertulias familiares.
86 Porque eres la antítesis que necesito para mi superación.
87 Porque conocemos la diferencia entre ‘aprender’ y ‘aprehender’.
88 Porque podemos explicar el matiz que distingue ‘entender’ de ‘comprender’.
89 Podremos explicarte todas esas gracias que no entendiste de Muchachada Nui, Les Luthiers, Monty Python y comprenderás por qué si que tienen gracia.
90 La filosofía combina con todo.

91 Nuestro espíritu crítico nos hace estar en constante revisión de nosotros mismos para conseguir una mejora, cada día nos acercamos más a la perfección.
92 Puedes elegir entre una gran variedad de corrientes.
93 Porque las pelis de ciencia ficción tratan siempre problemas filosóficos.
94 Porque tenemos sentido común.
95 Porque el sentido común escasea.
96 Porque sabemos que Ortega y Gasset eran una sola persona.
97 Porque con nosotros no necesitaras libros de autoayuda.
98 Porque pondremos toda nuestra potencia en realizar el acto.
99 Porque los arquitectos y los odontólogos pueden darte 10 razones, los periodistas y los nutricionistas 15, los de derecho 18, los médicos 21, los filólogos 36, pero solamente un/a filósofo es capaz de encontrar 100 razones para que salgas con nosotros.

100 Pero sobre todo porque para nosotros, para nosotros… ¡filosofía eres TÚ!

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Por mi parte nada que decir a las cuatro primeras razones, pero perdonad si os digo que en una noche de verano sevillana a 40º de media no me voy a poner a recitar a Hegel, ni a Platón, ni a Kant, ufffff, no, gracias.

Reniego de la 9, tengo un registro impresionante de conversaciones vacias y banales. Hay que saber hablar de todo y sobre todo.

La 15 es una de las verdades más grandes del mundo. Yo me leí la tetralogía de Crepúsculo y la pillé al momento; después le eché valor y me leí la trilogía de 50 sombras de Grey. ¡Eso es tener entendederas y no leer a Spinoza!.

La 20 ha tomado más fuerza desde la aprobación de la LOMCE y la 60 ha quedado inutilizada para el futuro próximo.

Y de la 80, sólo puedo decir… ¡doy fe!

Y de las demás… ¿qué deciros? Son todas verdad

Loú Andreas-Salomé – sobre Friedrich Nietzsche

“Lo que fascinaba en la figura de Nietzsche era aquella primera y poderosa impresión que suscitaba ese misterio, la sospecha de una callada soledad. Al contemplador fugaz no se le ofrecía ningún detalle llamativo. Aquel varón de estatura media; vestido de manera muy sencilla pero también muy cuidadosa, con sus rasgos sosegados y el cabello castaño peinado hacia atrás con sencillez, fácilmente podía pasar inadvertido. Las finas y extraordinariamente expresivas líneas de su boca quedaban recubiertas casi del todo por un gran bigote caído hacia delante; tenía una risa suave, un modo quedo de hablar y una cautelosa y pensativa forma de caminar, inclinando un poco los hombros hacia delante; era difícil imaginarse a aquella figura en medio de una multitud, tenía el sello del apartamiento, de la soledad. Incomparablemente bellas y noblemente formadas, de modo que atraían hacia sí la vista sin querer, eran en Nietzsche las manos, de las que él mismo creía que delataban su espíritu.; en Más allá del bien y del mal se halla a este respecto  una observación muy acertada: ‘hay hombres que inevitablemente tienen espíritu, por mucho que quieran andarse con rodeos y pretextos y pretendan cubrir con las manos sus ojos delatores… (¡como si la mano no fuese delatora!)’.

Similar importancia concedía a los oídos muy pequeños y modelados con finura, de los que decía que eran los verdaderos “oídos para cosas no oídas”. Un lenguaje auténticamente delator hablaban también sus ojos. Siendo medio ciegos, no tenían, sin embargo, nada de ese estar acechando, de ese parpadeo, de esa no querida impertinencia que aparece en muchos miopes; antes bien, parecían ser guardianes y conservadores de tesoros propios, de mudos secretos, que por ninguna mirada no invitada debían ser rozados. La deficiente visión daba a sus rasgos un tipo muy especial de encanto, debido a que, en lugar de reflejar impresiones cambiantes, externas, reproducían sólo aquello que cruzaba por su interior. Esos ojos penetraban en la intimidad, y a la vez, mucho más allá de los objetos cercanos en la lejanía, o mejor: tanto en lo más próximo como en lo más lejano.  Pues , en definitiva, todo su trabajo como pensador no era si no una exploración del alma humana en busca de mundos aún por descubrir, de sus posibilidades aún no apuradas que nacen y perecen sin cesar. Cuando se mostraba como era, en el hechizo de una conversación entre dos que lo excitase, entones podía aparecer y desaparecer en sus ojos una conmovedora luminosidad: mas cuando su estado de ánimo era sombrío, entonces la soledad hablaba en ellos de una manera tétrica, casi amenazadora, como si viniera de profundidades inquietantes, de esas profundidades en las que se hallaba siempre solo, que no podía compartir con nadie, frente a las que él mismo se sentía a menudo sobrecogido de terror y en las que finalmente no naufragó su espíritu.

Una impresión similar de  misterio y secreto provocaba también el comportamiento de Nietzsche.  En la vida normal era de una gran cortesía y de una suavidad casi femenina,  de una constante y benévola ecuanimidad;  le agradaban las formas elegantes en el trato social y les concedía gran estima.  No obstante, siempre residía en  ello cierto goce en el disfraz; abrigo y máscara para una vida interior que casi nunca descubría.  Recuerdo que, conocí a Nietzsche  por primera vez, fue un día de primavera, en la basílica de San Pedro, en Roma, durante los primeros minutos me chocó y me confundió en él esa rebuscada formalidad.  Pero poco duraba el engaño  en ese solitario que portaba su máscara con tanta torpeza, a semejanza de aquel que llega del desierto y la montaña y se viste con el traje del hombre de mundo; enseguida afloro la pregunta que el mismo formuló con estas palabras: ‘de todo lo que un hombre deja traslucir podemos preguntar, ¿qué ocultará?, ¿de qué pretenderá desviar la mirada?, ¿qué prejuicio le animará?.  Y aún más, ¿hasta dónde llegará la sutileza de ese disimulo?, ¿qué equivoco desea provocar con ello?’ ” .

Lou Andreas-Salomé*


*Extraído del artículo “Retrato de filósofo con bigote”. Revista digital de filosofía “A Parte Rei”, nº 8, junio de 2000. Especial Nietzsche.

Loú Andreas-SaloméFriedrich Nietzsche

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