Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros, de Stephen W. Hawking

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¿Cuándo nació el universo? ¿Nació o fue creado? ¿Qué es el tiempo? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Por qué empezó todo? ¿Qué relación hay entre Aristóteles y Einstein u Oppenheimer?

En esta obra Hawking acerca a los no especialistas conceptos como espacio, tiempo, agujero negro, big bang, big crunch, teoría de cuerdas y supercuerdas, y otros conceptos de la física (teórica) desconocidos para la mayoría; además, incluye algunas explicaciones de matemáticas complejas.

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El texto, dividido en diez capítulos que intenta explicarlo todo de la forma más clara posible, se completa con una maravillosa introducción de Carl Sagan y una conclusión muy clarificadora.

Acompañan también al texto las biografías -reducidas- de Galileo, Newton y Einstein, además de un glosario de términos esenciales para entender las ideas expuestas.

En pocas páginas Hawking recorre la historia del tiempo desde el siglo III a.C al siglo XX d.C. Sólo una pega, a pesar de sus intentos, ya lo he comentado antes y él mismo expuso que este es un libro de divulgación científica, no es un libro escrito para cualquier lector, aún siendo una obra de divulgación el vocabulario es muy técnico, de hecho, se agradece el glosario de término que se adjunta al final del volumen.
Hawking considera que los avances recientes de la física, gracias a las fantásticas nuevas tecnologías, sugieren respuestas a algunas de estas preguntas que desde hace tiempo nos preocupan.

Dice Carl Sagan que

“También se trata de un libro acerca de Dios… o quizás acerca de la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas.
Hawking se embarca en una búsqueda de la respuesta a la famosa pregunta de Einstein sobre si Dios tuvo alguna posibilidad de elegir al crear el universo. Hawking intenta, como él mismo señala, comprender el pensamiento de Dios. Y esto hace que sea totalmente inesperada la conclusión de su esfuerzo, al menos hasta ahora: un universo sin un borde espacial, sin principio ni final en el tiempo, y sin lugar para un Creador.”

Es un libro interesante para todos los curiosos. Y muy interesante para los filósofos curiosos. En sus páginas Hawking hace un repaso breve, pero iluminador, a la contribución que la filosofía ha hecho a la física hasta llegar el siglo XVIII, durante el cual, según el autor los filósofos se perdieron en campos excesivamente generales perdiendo perspectiva científica.

“Hasta ahora, la mayoría de los científicos han estado demasiados ocupados con el desarrollo de nuevas teorías que describen cómo es el universo para hacerse la pregunta de por qué. Por otro lado, la gente cuya ocupación es preguntarse por qué, los filósofos, no ha podido avanzar al paso de las teorías científicas. En el siglo XVIII, los filósofos consideraban todo el conocimiento humano, incluida la ciencia, como su campo, y discutían cuestiones como, ¿tuvo el universo un principio? Sin embargo, en los siglos XIX y XX, la ciencia se hizo demasiado técnica y matemáticas para ellos, y para cualquiera, excepto para unos pocos especialistas. Los filósofos redujeron tanto el campo de sus indagaciones que Wittgenstein, el filósofo más famoso de este siglo, dijo: “la única tarea que le queda a la filosofía es el análisis del lenguaje”. ¡Qué distancia desde la gran tradición filosófica de Aristóteles a Kant!”

Nos encontramos con Aristóteles, Kant, San Agustín, Popper, Berkeley, entre otros muchos, y vemos cómo algunas de sus obras han influido en la evolución de la física y de la observación del universo. Tras exponer los comienzos de las observaciones científicas pasa Hawking a comentar los conceptos de espacio y tiempo, la expansión del universo, el principio de incertidumbre, las partículas elementales, etc. Dejando al lector interesado en estas lides con buen sabor de boca.

“No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.”

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Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros.
Stephen W. Hawking.

Drakontos Bolsillo.

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Chiste kantiano – Tiempo y Espacio

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Aquiles y la tortuga

Una  paradoja de  Zenón de Elea, discípulo de Parménides, que niega la posibilidad del movimiento y hablando sobre el infinito, es la de Aquiles y la tortuga.

En la paradoja de Aquiles y la tortuga,  ésta última se encuentra con alguien más rápido que ella. El gran Aquiles, que le dará una ventaja de X metros en una carrera pedestre. Se da la señal de salida y empezamos a suponer que cada corredor empieza a correr a cierta velocidad constante (uno muy rápido y otro muy lento). Después de un determinado lapso de tiempo, Aquiles ha recorrido X metros, llevándolo al punto de partida de la tortuga. Durante este tiempo, la tortuga ha avanzado una distancia mucho más corta, por ejemplo, X-50 metros. Aquiles deberá recorrer durante un tiempo para alcanzar el punto en donde estaba la tortuga cuando el partió desde sus X metros. Para ese entonces, la tortuga ya habrá avanzado un poco más, demostrando que cada vez que Aquiles alcanza el estado anterior de la tortuga, esta ya se habrá movido. Por lo tanto, Aquiles nunca puede superar a la tortuga.

Si vas a decir que no, que no es posible,  que la experiencia no puede dar la razón a Zenón, tienes razón. Pero esto es una paradoja, pues está enunciada desde la matemática y no desde la física. Reglas matemáticas a situaciones no matemáticas pueden tener resultados extraños, como que se te escape la tortuga.

En la obra Filosofía para bufones de Pedro González Calero podéis encontrar anécdotas sobre esta paradoja -su lectura se recomienda en el apartado de Lecturas filosóficas de este blog. En la edición de Ariel, 2009, páginas 18 a 20.

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