Esto no es un programa, Tiqqun

“La guerra contra el Imperio debe llevarse ahora a un terreno total, el terreno ético de las formas-de-vida”.

¿Qué es TIQQUN?

Es un concepto filosófico emanado de la revista del mismo nombre (Tiqqun, 1999) y que designa a un autor colectivo, como “el lugar del espíritu del cual provienen estos escritos”.

Este nombre, transcripción francesa del original, proviene del hebreo Tikún Olam, que significa restitución, reparación y redención, y que se utiliza a menudo para explicar el concepto judío de justicia social.

Por su estilo poético y de compromiso político, se emparenta con las teorías situacionistas (organización artística e intelectual cuyo objetivo es acabar con la sociedad de clases) y al letrismo (movimiento poético de vanguardia atento al valor sonoro de las palabras).

Tiqqun está muy influenciada por la obra del filósofo italiano Giorgio Agamben, el copncepto de ingenio desarrollado por Toni Negri y Michael Hardt, la sociedad de control estudiada por Gilles Deleuze, así como por el análisis del biopoder de Michel Foucault.

Ningún artículo de Tiqqun está firmado.

estonoesunprograma

Con la obra Esto no es un programa se nos anima a elegir nuestra estrategia para enfrentarnos al mundo. A este mundo. Elegir entre ser protagonistas o dejarnos conducir  por los que dibujan la realidad, que, finamente, vivimos: renunciar al yo, aceptar la colectividad para ganar un poco de paz.

Ya no es la sociedad la que está separada en dos, sino el propio ciudadano, el propio individuo, que se divide entre buscar su forma-de-vida y la forma-de-vida-del-Estado, que se le ofrece como única alternativa viable y lógica, tensando las relaciones del individuo consigo mismo y con la sociedad en la que está siendo, o al menos, intentado ser.

Ahora “el Imperio es el enemigo” (Susan George). Es el “Imperio” quien califica a su “enemigo” como “terrorista”, que no es más que cualquiera que esté en contra del Imperio. Y es el propio Imperio el que diseña las acciones que irán en su contra para, así, poder oponerse a sus enemigos naturales que no son otros que aquellos que no aceptan la pertenencia a ese Imperio impuesto.

Con argumentos que vienen de lejos -movimientos de los años 60 y 70- se nos recuerda que estamos inmersos en una sociedad que nos hace pensar que somos libres y que elegimos donde estar cuando no es así. Porque cuando realmente elegimos donde estar, estamos fuera del Imperio, a menos que hayamos elegido sus premisas para destacar.

El Partido Imaginario se opone a la sociedad homogénea. Se trata de salir de la masa, de adquirir individualidad, personeidad; porque, precisamente, un individuo, como tal, como uno, es riesgo, es sinónimo de “loco terrorista en potencia”.  También defiende la idea de la no existencia de “la plebe”, mas sí de “plebe”; es decir, en cada grupo social, en cada clase hay plebe, personas que causan la parálisis del ser y el hacer.
Esa conciencia de autonomía e individualidad se transmite con más fuerza al ser-mujer. Escapar de las actuaciones cotidianas que el Imperio enseña y transmite: trabajo doméstico, reproducción de fuerza de trabajo masculina, silencio forzoso, desapropiación de ser nosotras-mismas,… Los que el Imperio consideraba -y considera- excluidos no quieren seguir siendolo, no quieren seguir callados, esperando que en algún momento les toque poder ser parte del Imperio.

“Me mantengo alejado de quienes esperan que el azar, el sueño, el tumulto, les dé oportunidad de escapar a sus insuficiencias. Me recuerdan demasiado a quienes antaño creían que era cosa de Dios la tarea de salvar sus existencias truncadas”.

Georges Bataille

Así, cada espacio conquistado “al ambiente hostil debe corresponderse con nuestra capacidad de utilizarlo, reconfigurarlo y habitarlo”. No se trata, pues, de ganar, sino de saber ganar y saber utilizar esa victoria para la construcción, para la iniciativa positiva.

Pero no penséis al leer todo esto que se busca un mundo mejor, afirman los autores que “no hay necesidad de que nuestras acciones de destrucción, de sabotaje, vayan seguidas de alguna explicación debidamente enfrentada por la Razón humana”. No se trabaja en pos de un mundo mejor sino que se busca la oposición a la totalidad, a la gestión imperante; se busca la no-participación en el juego social. El concepto de comunidad humana es sólo utopía. No es, por tanto, un peldaño más en la tradición marxista del análisis social.

Esta nueva forma de “guerra” nos exige un nuevo concepto: el sabernos VIVOS. Que el propio Imperio no acapare nuestro tiempo en su totalidad. Se trata, en fin, de encontrar, nuevos espacios, nuevas existencias .

Esto no es un programa nos invita a reflexionar profunda y duramente sobre nuestra sociedad, y sobre nosotros mismos y nuestras formas-de-vida, sobre la acción de la publicidad, la guerra psicológica, la manipulación social de los afectos, los efectos de los medios de (des)información… Nos obliga a pensar sobre la normalización de las acciones del Imperio escondidas bajo pretensiones de protección (guerras preventivas, vigilancias constantes,…). Nos obliga a pensar sobre el cambio de los afectos de la gente sobre los personajes que nos “seducen”, ¿es lógico admirar a personas como Berlusconi -en el caso de España tenemos un largo listado de ineptos y personajillos que la prensa colorista eleva y alaba-?

Curioso es también el paralelismo constante que se advierte bajo las palabras con el Imperio Romano, el uso de los conceptos de ciudadano, Imperio y esclavo, trabajo y libertad. Como si la historia fuera una y cíclica, sólo cambiante con respecto a las modas y la tecnología pero igual en todo lo demás, incluso en el impulso de revolución, impulso que hay que cambiar, que hay que adaptar a los tiempos para dar posibilidad a su triunfo. Necesitamos un cambio, pero al mismo tiempo tememos ese cambio: lo que podamos ganar tanto como lo que podamos perder.

A pesar de todo, sin pensarlo, sin buscarlo, estaremos logrando una comunidad, una nueva humanidad. “Llega la primavera”.

a cada persona su propia máscaraEsto no es un programa. (Ceci n’est pas un programme). Tiqqun, 2009. Traducción de Javier Palacio, 2014. Errata Naturae Editores.

 

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Demian

Es curioso, como poco, que el seudónimo escogido por Hermann Hesse al publicar la novela fuese el de Emil Sinclair, nombre del protagonista de Demian. Los dos tienes características similares: su preocupación por el yo más profundo, la rebeldía ante la vida, la búsqueda del autoconocimiento, el sufrimiento…

Demian es la reflexión hecha libro que muchos hemos realizado, o realizamos, en algún momento de nuestra vida. Es, sobre todo, el conflicto, eterno, entre lo que deseamos, lo que soñamos, y lo que, por suerte o por desgracia, la vida real nos da.

La historia está escrita en tonos psicoanalíticos y nietzscheanos, bastante observables en casi todas las páginas, que cuestionan sin cesar las creencias, vivencias, sueños, ideas, del protagonista, llevándolo de la luz a la oscuridad constante y angustiosamente.

Emil Sinclair es un chaval que, al parecer como otro cualquiera, va a la escuela, tiene amigos, unos mejores y otros peores, que le influyen, para bien y para mal, en el camino que está recorriendo y que es su vida.

Emil, como Hesse, sabe que, aunque intentemos andar ese camino que es la vida a nuestra manera, siempre están los demás compartiendo dicha senda, y no siempre es fácil hacer en cada momento lo que queremos hacer  o lo que debemos hacer. Siempre hay alguien que puede hacer que torzamos el rumbo, pero ¿es realmente ese alguien quién nos ha hecho torcer el rumbo? ¿Estaba ya ese rumbo torcido sin remisión? ¿Podemos impedir las influencias exteriores? ¿Somos los suficientemente fuertes para ignorar las circunstancias que nos rodean?

En ese camino Emil se encontrará con Demian, ¿su ángel?, que le salvará de la influencia de Kromer, ¿su demonio?, que desaparecerá al aparecer el anterior. Es entonces cuando el protagonista comienza a conocerse y a conocer el mundo: la vida, la muerte, la amistad, el amor, el pensamiento, la acción, la familia, la naturaleza, la religión,… y sobre todo, la polaridad -por otro lado, una constante en algunos de los personajes más importantes y conocidos de Hesse-, somos doble. Somos lo positivo y lo negativo, lo blanco y lo negro. Pero todo está en nosotros.

 

“¡Tal era yo en el fondo! ¡Yo, que caminaba por el mundo aislado en mi desprecio! ¡Yo, que sentía el orgullo de la inteligencia y compartía los pensamientos de Demian! Tal era yo: una escoria, una basura, un borracho y sucio, repugnante y grosero, una bestia salvaje dominada por asquerosos instintos. ¡Yo, que venía de aquellos jardines en lo que todo era pureza, resplandor y suave delicadeza! ¡Yo, que había amado la música de Bach y las bellas poesías! Penetrado de asco y de indignación, oía aún mi propia risa, una risa ebria, desenfrenada, que fluía estúpida a borbotones. ¡Aquello era yo!  (Página 72)

“El amor no era un oscuro instinto animal, como en un principio lo había yo sentido; ni era tampoco una piadosa adoración espiritual, como la que yo había consagrado a la imagen de Beatrice, era ambas cosas, ambas y muchas más; era ángel y demonio, hombre y mujer en uno, hombre y animal, sumo bien y profundo mal. Lo deseaba y lo temía; pero estaba siempre presente, siempre por encima de mí” (Página 92)

“Este mundo, tal y como hoy es, quiere morir, quiere hundirse y se hundirá” (Página 131)

 

 

Demian. Hermann Hesse. Prisma, 2001.

 

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