La utilidad de lo inútil, por Nuccio Ordine

“Sólo la conciencia  de estar destinados a vivir en la incertidumbre, sólo la humildad de considerarse seres falibles, sólo la conciencia de estar expuestos al riesgo del error pueden permitirnos concebir un auténtico encuentro con los otros, con quienes piensan de manera distinta que nosotros”.

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En 2013 el italiano Nuccio Ordine escribió un pequeño pero gran ensayo sobre el valor y la utilidad de lo que las sociedades modernas consideran inútil.

Mucho se ha escrito y se ha dicho sobre la importancia de recuperar el ser sobre el tener, ya que si dejamos el peso de toda nuestra evolución, sea lo que sea que signifique esa palabra, en la utilidad estaremos restando toda la humanidad que hay en las cosas consideradas no-útiles.

La utilidad de lo inútil es una invitación esencial a repensarnos y repensar la realidad que nos rodea. ¿Qué es lo verdaderamente importante?

“Los hipócritas esfuerzos por conjurar la salida de Grecia de Europa -pero las mismas reflexiones podrían valer para Italia o España- son fruto de un cínico cálculo (el precio a pagar sería aún mayor que el supuesto por el frustrado reembolso de la deuda misma) y no de una autentica cultura política fundada en la idea de que Europa sería inconcebible sin Grecia porque los saberes occidentales hunden sus raíces en la lengua y la civilización griegas. ¿Acaso las deudas contraídas con los bancos y las finanzas pueden tener fuerza suficiente para cancelar de un solo plumazo las más importantes deudas que, en el curso de los siglos, hemos contraído con quienes nos han hecho el regalo de un extraordinario patrimonio artístico y literario, musical y filosófico, científico y arquitectónico?”

Como señala Ordine estamos viviendo en una sociedad que valora más un martillo que una sinfonía, un arma más que una poesía,… La utilidad práctica, la que no requiere meditación ni explicación es fácil de integrar en un mundo en el que vale la inmediatez, el tener y el almacenar cosas. Algo que, en realidad, no es nuevo y el autor italiano hace un repaso por autores que a lo largo de los siglos avisaban de esta inclinación de la balanza hacia lo útil. Y también hacia lo superfluo. Hacia lo que nos encadena y nos deshumaniza.

Pero no penséis que Ordine echa mano solo de autores “de letras” para defender la utilidad de lo inútil porque no es así, economistas y científicos son citados para comprender porque el espíritu humano necesita de aquello que hoy muchos tildan de inútil.

” ‘El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse’. Sólo el saber -poniendo en cuestión los paradigmas dominantes del beneficio- puede ser compartido sin empobrecer. Al contrario, enriqueciendo a quien lo transmite y a quien lo recibe”.

Al final del ensayo añade un breve apéndice con un ensayo de Abraham Flexner, escrito en 1939, que tampoco tiene desperdicio, por estar escrito en la fecha en que se escribió y por reflejar las páginas unas escenas que podrían fecharse a día de hoy.

No voy a escribir nada más. Sólo voy a invitaros a leer. Hacedlo. Leed a Ordine. Aprended a disfrutar de la utilidad de lo inútil.

“El enemigo real del género humano no es el pensador audaz e irresponsable, tenga razón o no. El enemigo real es quien trata de moldear el espíritu humano de manera que no se atreva a desplegar sus alas como estas se desplegaron en otro tiempo…

La justificación de la libertad espiritual, sin embargo, supera con mucho la cuestión de la creatividad en el ámbito científico o humanístico, pues implica la tolerancia de todo el espectro de las diferencias humanas”.

Flexner, La utilidad de los conocimientos inútiles

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Filosofía: una guía para la felicidad

No, por desgracia, la idea de esta entrada no es mia, es del filósofo suizo, residente en Londres, Alain de Botton. Autor de la obra Las consolaciones de la filosofía. Para tomarse la vida con “filosofía”, Alain de Botton recuperó las ideas de su libro para hacer una serie de programas en los que explica, de la mano de grandes autores de la filosofía, como esta materia puede ser una guía para la felicidad.

Autores como Séneca, Nietzsche, Montaigne, Epicuro, Sócrates y Schopenhauer nos llevarán por el camino de la búsqueda de esa ansiada felicidad. Pero, ¡ojo!, ese camino no es un camino de rosas y risas. El camino de la felicidad no es siempre un camino fácil, de hecho, casi nada de lo verdaderamente importante lo es.

Aunque tanto la obra escrita como los programas tienen ya algunos años la considero una obra esencial para los tiempos que vivimos, en los que la publicidad, la sociedad, nos invita a consumir para ser felices, pero la realidad nos muestra que esa felicidad es temporal y efímera, así que después de consumir, qué… Qué hacemos.

Ahí entra la filosofía. Ser feliz contigo. Ser feliz con ese antiguo lema de “conócete a ti mismo”. Ser felices en el camino, con todas las complicaciones que puedan salirnos al paso, y no sólo al llegar a la meta.

Las consolaciones de la filosofía WWW.FREELIBROS.COM

Si no tenéis paciencia o ganas de leer os dejo los enlaces para ver los programas de Botton:

Sócrates

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=S24FxdvfOko

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=GT3HhgN1QSo

Epicuro

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=4L3dLWwmDDw&list=PL6EB5455DD49FA150&index=3

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=UFUAVRvYbEc

Séneca

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=UA7cgIg4Lfs&index=2&list=PL6EB5455DD49FA150

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=D3vFZ7ES9Wc

Montaigne

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=gXo70px_tNo&index=4&list=PL6EB5455DD49FA150

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=vKKuhu0NPrA

Schopenhauer

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=UtW3cLWAC3I&index=6&list=PL6EB5455DD49FA150

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=ja8fa_gQenU

Nietzsche

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=UbWAj2drGdE&index=5&list=PL6EB5455DD49FA150

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=qF4e9_4cJHI

¿Por qué temo decirte quién soy?, de John Powell, s.j.

…nadie puede crecer en libertad y vivir en plenitud sin sentirse comprendido al menos por una persona…

Paul Tournier, psiquiatra y escritor.

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Día a día compartimos decenas de cosas insustanciales, pero no es lo único que tenemos que comunicar “tú puedes decirme quién eres tú, del mismo modo que yo puedo decirte quién soy yo”.

Pero ser persona no es algo estático, sino un proceso dinámico. Hoy no soy el de ayer y mañana no seré el de hoy. A pesar de admitir todo esto, la mayoría de las veces nos da miedo decir quiénes somos. Pero, ¿por qué?.

“Temo decirte quién soy, porque, si yo te digo quién soy, puede que no te guste cómo soy, y eso es todo lo que tengo”

Pero este miedo nos impide avanzar, y por tanto lograr felicidad e incluso amor.

La identidad real es algo que casi siempre llevamos bajo una máscara y no debemos extrañarnos porque es un reflejo natural; es parte de la condición humana. Aunque creamos que llega un momento de estabilidad total, esa creencia es falsa, o al menos no del todo verdadera ya que “nuestros estados del ego” fluctúan constantemente en función de las circunstancias.

Lo que somos se va forjando a través de la “programación” social e individual. El ser humano, plenamente humano, se libera gradualmente de su programación y se convierte en dueño de su vida, en actor de su obra.

En ocasiones recurrimos, para relacionarnos con los demás diversos “juegos”, es decir, maniobras, escudos, que llevamos cuando salimos a participar de la lucha de la vida. El problema de la supervivencia del yo a partir de este juego es la perdida del autoconocimiento y de la relación sincera con los demás.

Nos movemos en un constante cúmulo de “juegos”, de relaciones controladas por los “escudos”. “No es fácil ser honrado consigo mismo porque para ello hay que permitir que las emociones reprimidas puedan ser reconocidas como tales, y ello, a su vez, exige relatar dichas emociones a las demás”.

El libro que tenemos entre manos analiza todos los roles que podemos tener para “ocultar nuestra condición”: el egocéntrico, el frágil, el payaso, el fanfarr´pn, el hedonista, el intelectual, etc.

Pero el desvelamiento del ser-yo-mismo requiere sinceridad. Requiere de una aletheia que responde no solo a quién soy, sino quién quiero llegar a ser.

Maslow afirma que la persona plenamente humana mantiene un equilibrio entre interioridad y exterioridad. Ir de un extremo a otro es desequilibrio y falta de profundidad, pero como dijo Sócrates -o así escribe Platón en la Apología– “una vida sin reflexión no merece la pena ser vivida”.

Esto requiere una auto-aceptación: sentirnos a gusto con el cuerpo, con los sentimientos y emociones (positivas y  negativas), con los impulsos, los pensamiento y los deseos. Además debemos estar abiertos a nuevas sensaciones, pensamientos y deseos. Hay que aceptar el necesario cambio, el devenir -que diría Nietzsche-, porque lo que seremos es algo desconocido en lo que hay que adentrarse. El yo es siempre algo en potencia pero realista en sus limitaciones. Ese yo, ya lo hemos dicho, no necesita solo de la interioridad sino de la exterioridad, de estar-con-el-otro y ser-en-el-otro. Sufrir con los que sufren, alegrarse con los que están alegres… Empatizar, al fin y al cabo.

Martin Heidegger señala dos obstáculos que frenan este crecimiento del que hablamos, y en el que se centra la obra que comentamos:  1) contentarse con lo que hay y 2) la actividad desasosegada de quien busca algo más.

El resultado, elijamos uno o elijamos dos, es el enajenamiento. “En el amor debemos poseer y saborear lo que hay y, al mismo tiempo, aspirar a poseer (amar) más plenamente el bien. Este es el equilibrio conseguido por el ser plenamente humano entre “lo que hay” y “lo que está por llegar”.  En el amor, insiste Powell, el ser plenamente humano no se identifica con lo que ama.

El autor cita a Gabriel Marcel, Être et avoir, para recordarnos que nuestra civilización nos enseña a apoderarnos de las cosas cuando debería enseñarnos en el arte de desprendernos, porque no hay libertad real sin desposesion. En esta desposesión llegaremos al equilibrio, a la integración de la personalidad.

Si el hombre vive plenamente con todas sus facultades y armonizando sus fuerzas, la naturaleza humana demuestra ser constructiva; que es el destino del hombre: no la perfección, sino el crecimiento.

La persona plenamente humana es aquella que es ella misma que no se deja transformar por las circunstancias; pero la mayo parte de las veces somos como embarcaciones que se mueven por la acción del viento.

“La culpa, querido Bruto, no es de las estrellas, sino nuestra…”

Shakespeare, Julio César

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Para ser persona auténtica tengo que ser libre y capaz de expresarte mis pensamientos, hacerte saber mis opiniones y mis valores, exponerte mis miedos y mis frustraciones, reconocer mis faltas, compartir mis éxitos,… Y para todo, ante todo, saber quién soy.

Tanto Marcel, como Martin Buber, recurren al concepto de “encuentro” para hablar de la situación en la que el “otro” deja de ser un ser impersonal para convertirse en tú, un tú que entra en mi realidad, circunstancias que se entrecruzan.

Donde existe el verdadero encuentro existe una apertura de yo a tú y del tú al yo, una apertura fuente de verdadera comunicación que es el único camino para la común-unión. Escribe Erich Fromm que no podemos amar a alguien sin amar más a todo el mundo.

Powell nos recuerda que la vida humana tiene leyes y que una esencial es: usar las cosas y amar a las personas, quien invierte el sentidos sentencia a la muerte a la felicidad y la realización humana. Cita también a Viktor Frankl y su El hombre en busca de sentido, comparando a aquellas personas que forjan su identidad con las personas de los campos de concentración que al ser liberadas tenían esa libertad y extrañaban el encierro y la soledad.

Powell establece cinco niveles de comunicación para ser nosotors-con-otros: en el nivel 5 está representado el más bajo nivel de autocomunicación, siendo en realidad la no-comunicación, las personas en este nivel se relacionan pero no comparten:

“Y en la desnuda noche vi

a diez mil personas, tal vez más,

que charlaban sin hablar,

que oían sin escuchar,

que escribían canciones

que ninguna voz cantaba.

Nadie se atrevía

a romper los sonidos del silencio”

Sounds of silence, Paul Simon

En el nivel 4 hablamos de otras personas para evitar hablar de nosotros. En el 3 comenzamos a mostrarnos pero intentando mostrar la parte que sabemos que al otro va a gustarle más. En el nivel 2 comienzo, con inseguridad, a mostrar mis sentimientos (gut-level), pero tememos que  los demás no van a soportar nuestra sinceridad porque no es normal que nos comuniquemos con sinceridad, y nos vemos obligados a reprimirnos. En el nivel 1 la transparencia y sinceridad absolutas, emocional y personal. Y para ello, sobre todo, una buena comunicación alejada de la mentira. Hay que decir las cosas tal como son desde un primer momento; pero, ¡ojo!, eso no significa crear juicios sobre los demás.

Powell también hace hincapié en el hecho de que las emociones no son ni buenas ni malas, el verlas de una u otra forma está en nosotros y en nuestra idea de la represión de las emociones. En este punto es muy interesante la incursión, a partir de una observación de Chestertonhttps://es.wikipedia.org/wiki/Morris_West, en la reflexión sobre el miedo a los sentimientos.  Pero si quiero que los demás sepan de nosotros, sepan quién somos, tenemos que reconocernos en nuestros sentimientos. Hay que elegir: verbalizar o somatizar. Buscar el equilibrio para ser.

Reúne Powell al final de la obra una interesante serie de reacciones saludables y no-saludables, en la comunicación humana, una serie de mecanismos explícitos del comportamiento (defensa del ego) y un curioso índice de roles con los que podemos sentirnos identificados.

¿Por qué temo decirte quién soy? es una de esas “pequeñas” obras que nos ayudan a mirar hacia dentro y vernos desde otra perspectiva, desde el ensimismamiento. Pero un ensimismamiento desde el que me re-conozco y me muestro, y muestro lo que soy hoy. Muestro mi potencialidad, porque mañana, mañana será otro día. Y yo, quizá, otro yo.

“Cuesta tanto llegar a ser plenamente humano

que son muy pocos los que poseen

el esclarecimiento o el valor necesarios

para pagar el precio requerido…

Para ello hay que abandonar totalmente

la búsqueda de seguridad

y asumir con los brazos abiertos el riesgo de vivir.

Hay que abrazar el mundo como un amante,

sin esperar una fácil retribución de ese amor.

Hay que aceptar el dolor

como condición de la existencia.

Hay que admitir la duda y la oscuridad

como precio del conocimiento.

Hay que tener una voluntad obstinada en e conflicto,

pero siempre dispuesta a la aceptación total

de todas las consecuencias de vivir y morir”

Las sandalias del pescador, Morris L. West

El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher

Esta pequeña obrita es fácil de leer y perfecta para hacer reflexionar a los más jóvenes sobre la formación de la personalidad y la construcción del yo.
Dividida en siete capítulos en los que el caballero protagonista irá recorriendo un complejo camino que le conduce hacia sí mismo.

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En el dilema del caballero, el capítulo uno, el caballero se muestra siempre bajo su armadura, como muchos de nosotros en el día a día. Las imágenes que propone el autor en la narración nos conducirán a reflexionar sobre las siguientes cuestiones:
¿Dejamos que las personas que nos rodean nos reconozcan bajo nuestras máscaras?
El caballero se sentía mejor con la armadura, hasta tal punto que veía que lo estaba atrapando, ¿nos pasa a nosotros lo mismo?
¿Es la imagen que tiene los otros de nosotros real? ¿Dejamos que alguien no vea como somos? ¿En quién pensamos cuándo nos escondemos bajo nuestras armaduras?
¿Somos capaces de buscar ayuda cuando la necesitamos?
Construir la propia identidad es difícil, problemático, mostrarnos a los demás es conflictivo. Aislarnos, ¿nos deja sentir? No sentir, ¿nos ayuda o nos anula como personas?

En el segundo capítulo -un capítulo muy nietzscheano-, el caballero se introduce en los bosques de Merlín. Allí buscará al mago para que le ayude a desembarazarse de la armadura que lo mantiene oculto y atrapado. En su conversación con Merlín, el protagonista descubrirá que la búsqueda de la identidad es dura, compleja; un camino que no todos queremos recorrer, pero como dijo nuestro poeta “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Nuestro caballero descubrirá que oír la verdad de las cosas duele, pero que muchas veces este dolor es necesario para el crecimiento positivo del yo.
Tenemos que aceptar la vida como algo problemático, duro, y no sucumbir sino todo lo contrario, debemos usar esa problematicidad para crecer y superarnos.
Mientras haya vida, hay caminos para enfrentarla. Pero para ello hay que enfrentarse a los prejuicios, y necesitamos practicar la empatía. Pero ante todo, hacer las cosas por nosotros, no por los demás; porque muchas veces ayudarnos a nosotros mismos es el principio de la ayuda a los demás.

Así poco a poco el caballero irá adentrándose en el sendero de la verdad, el capítulo tres. En este sendero, el autor retoma la idea machadiana ya mencionada. Y nos recuerda que reconocer los errores nos ayuda a avanzar porque el no reconocimiento de esos errores actúa como una roca en el camino que nos impide finalizar nuestra búsqueda.
¿Cómo miramos a los demás?
¿Cómo nos miramos a nosotros mismos?
¿Somos sinceros con nosotros y los demás?

Tras el sendero de la verdad se adentrará en el castillo del silencio, el capitulo cuatro.
Adentrarse en el castillo significa encontrarse con uno mismo. En el silencio el yo se presenta claro y distinto, y no todos estamos dispuestos a conocernos, a re-conocernos. En el silencio, además, estamos obligados a escucharnos y a escuchar… Y no siempre nos gusta oír. Pero el silencio, y caminar -hacer camino-, es la única forma posible para ser sabio.
Aprender, reflexionar, mirar dentro de nosotros -ensimismarnos-.
Buscar la respuesta a una pregunta esencial: ¿Quién soy?
Uno nunca acaba de viajar por el sendero de la verdad. De hecho, el castillo es solo un momento del sendero. Disfrutar de los momentos sin ansiar lo que ha de venir mientras caminamos es esencial para una buena consecución del objetivo que buscamos.

En el mismo sendero, y tras el castillo del silencio, nos adentramos con el caballero en el castillo del conocimiento.
Cuando nos rodeamos de gente, ¿por qué lo hacemos? ¿necesidad o amor?
Cuando tomas una decisión, ¿en qué nos basamos? Querernos a nosotros mismos es esencial, no puedes pasarte la vida haciendo lo que otros quieren por temor a la soledad, porque al final la soledad será mayor, a pesar de estar rodeado de personas.

En el capítulo seis, el caballero llega al castillo de la voluntad y la osadía. Al llegar a este último castillo el caballero es consciente de que ha ido perdiendo la armadura, su cuerpo está libre del peso con el que cargaba. Para ello ha sido esencial enfrentarse a los miedos y desarrollar confianza, sobre todo y ante todo, en sí mismo.
Autoafirmarse como un individuo libre, autónomo, que pone toda su voluntad en construirse.

Al final de la obra, en el capítulo siete, nuestro protagonista llega a la cima de la verdadera identidad, en la que el yo construido y fortalecido, muestra a un nuevo caballero, ay sin armadura, mostrándose tal y como es. Un caballero que confía, en sí y en los demás, que se afirma y afirma su vida -“yo soy la causa, no el efecto”-.
Una persona que es uno con el todo.

Una persona que es uno entre otros. Alteridad no anulada por el grupo, sino reforzada para sobrevivir al grupo. Para ser identidad entre identidades. Porque sólo así podemos estar con los demás, entregarnos a ellos y ayudarles en su construcción… Siendo nosotros mismos sin miedo a mostrarnos a los demás.

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Esto no es un programa, Tiqqun

“La guerra contra el Imperio debe llevarse ahora a un terreno total, el terreno ético de las formas-de-vida”.

¿Qué es TIQQUN?

Es un concepto filosófico emanado de la revista del mismo nombre (Tiqqun, 1999) y que designa a un autor colectivo, como “el lugar del espíritu del cual provienen estos escritos”.

Este nombre, transcripción francesa del original, proviene del hebreo Tikún Olam, que significa restitución, reparación y redención, y que se utiliza a menudo para explicar el concepto judío de justicia social.

Por su estilo poético y de compromiso político, se emparenta con las teorías situacionistas (organización artística e intelectual cuyo objetivo es acabar con la sociedad de clases) y al letrismo (movimiento poético de vanguardia atento al valor sonoro de las palabras).

Tiqqun está muy influenciada por la obra del filósofo italiano Giorgio Agamben, el copncepto de ingenio desarrollado por Toni Negri y Michael Hardt, la sociedad de control estudiada por Gilles Deleuze, así como por el análisis del biopoder de Michel Foucault.

Ningún artículo de Tiqqun está firmado.

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Con la obra Esto no es un programa se nos anima a elegir nuestra estrategia para enfrentarnos al mundo. A este mundo. Elegir entre ser protagonistas o dejarnos conducir  por los que dibujan la realidad, que, finamente, vivimos: renunciar al yo, aceptar la colectividad para ganar un poco de paz.

Ya no es la sociedad la que está separada en dos, sino el propio ciudadano, el propio individuo, que se divide entre buscar su forma-de-vida y la forma-de-vida-del-Estado, que se le ofrece como única alternativa viable y lógica, tensando las relaciones del individuo consigo mismo y con la sociedad en la que está siendo, o al menos, intentado ser.

Ahora “el Imperio es el enemigo” (Susan George). Es el “Imperio” quien califica a su “enemigo” como “terrorista”, que no es más que cualquiera que esté en contra del Imperio. Y es el propio Imperio el que diseña las acciones que irán en su contra para, así, poder oponerse a sus enemigos naturales que no son otros que aquellos que no aceptan la pertenencia a ese Imperio impuesto.

Con argumentos que vienen de lejos -movimientos de los años 60 y 70- se nos recuerda que estamos inmersos en una sociedad que nos hace pensar que somos libres y que elegimos donde estar cuando no es así. Porque cuando realmente elegimos donde estar, estamos fuera del Imperio, a menos que hayamos elegido sus premisas para destacar.

El Partido Imaginario se opone a la sociedad homogénea. Se trata de salir de la masa, de adquirir individualidad, personeidad; porque, precisamente, un individuo, como tal, como uno, es riesgo, es sinónimo de “loco terrorista en potencia”.  También defiende la idea de la no existencia de “la plebe”, mas sí de “plebe”; es decir, en cada grupo social, en cada clase hay plebe, personas que causan la parálisis del ser y el hacer.
Esa conciencia de autonomía e individualidad se transmite con más fuerza al ser-mujer. Escapar de las actuaciones cotidianas que el Imperio enseña y transmite: trabajo doméstico, reproducción de fuerza de trabajo masculina, silencio forzoso, desapropiación de ser nosotras-mismas,… Los que el Imperio consideraba -y considera- excluidos no quieren seguir siendolo, no quieren seguir callados, esperando que en algún momento les toque poder ser parte del Imperio.

“Me mantengo alejado de quienes esperan que el azar, el sueño, el tumulto, les dé oportunidad de escapar a sus insuficiencias. Me recuerdan demasiado a quienes antaño creían que era cosa de Dios la tarea de salvar sus existencias truncadas”.

Georges Bataille

Así, cada espacio conquistado “al ambiente hostil debe corresponderse con nuestra capacidad de utilizarlo, reconfigurarlo y habitarlo”. No se trata, pues, de ganar, sino de saber ganar y saber utilizar esa victoria para la construcción, para la iniciativa positiva.

Pero no penséis al leer todo esto que se busca un mundo mejor, afirman los autores que “no hay necesidad de que nuestras acciones de destrucción, de sabotaje, vayan seguidas de alguna explicación debidamente enfrentada por la Razón humana”. No se trabaja en pos de un mundo mejor sino que se busca la oposición a la totalidad, a la gestión imperante; se busca la no-participación en el juego social. El concepto de comunidad humana es sólo utopía. No es, por tanto, un peldaño más en la tradición marxista del análisis social.

Esta nueva forma de “guerra” nos exige un nuevo concepto: el sabernos VIVOS. Que el propio Imperio no acapare nuestro tiempo en su totalidad. Se trata, en fin, de encontrar, nuevos espacios, nuevas existencias .

Esto no es un programa nos invita a reflexionar profunda y duramente sobre nuestra sociedad, y sobre nosotros mismos y nuestras formas-de-vida, sobre la acción de la publicidad, la guerra psicológica, la manipulación social de los afectos, los efectos de los medios de (des)información… Nos obliga a pensar sobre la normalización de las acciones del Imperio escondidas bajo pretensiones de protección (guerras preventivas, vigilancias constantes,…). Nos obliga a pensar sobre el cambio de los afectos de la gente sobre los personajes que nos “seducen”, ¿es lógico admirar a personas como Berlusconi -en el caso de España tenemos un largo listado de ineptos y personajillos que la prensa colorista eleva y alaba-?

Curioso es también el paralelismo constante que se advierte bajo las palabras con el Imperio Romano, el uso de los conceptos de ciudadano, Imperio y esclavo, trabajo y libertad. Como si la historia fuera una y cíclica, sólo cambiante con respecto a las modas y la tecnología pero igual en todo lo demás, incluso en el impulso de revolución, impulso que hay que cambiar, que hay que adaptar a los tiempos para dar posibilidad a su triunfo. Necesitamos un cambio, pero al mismo tiempo tememos ese cambio: lo que podamos ganar tanto como lo que podamos perder.

A pesar de todo, sin pensarlo, sin buscarlo, estaremos logrando una comunidad, una nueva humanidad. “Llega la primavera”.

a cada persona su propia máscaraEsto no es un programa. (Ceci n’est pas un programme). Tiqqun, 2009. Traducción de Javier Palacio, 2014. Errata Naturae Editores.

 

Poética, de Aristóteles

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Aristóteles fue, y es, un pensador genial de su tiempo, independientemente de que compartamos el total de sus ideas y opiniones. Su agudeza, su rigor metodológico y la pluralidad de sus investigaciones siguen asombrando.

En la Metafísica nos afirma que todo hombre aspira al saber por naturaleza y que los filósofos deben teorizar sobre todas las cosas (Metaph., 980a 21 y 1004a 34, respectivamente). Y en esta obra, su Poética, nos dirá que entender las cosas es un placer no sólo para los filósofos sino para todos los seres humanos, y por ello disfrutamos con el arte y la literatura (1448b 13).

La Poética es una obra pensada para la enseñanza oral en la escuela del Estagirita, y aunque el propio Aristóteles menciona siempre en plural sus obras de poética, lo cierto es que sólo nos ha llegado esta, y a retazos.

Esta obra discontinua es rica en incoherencias y desconexiones debido a la falta de fragmentos que harían de ella una obra más compacta y completa. Parece más un cuaderno de apuntes personales, quizá lo fuera, que una obra filosófica en sí. Además, en la Retórica hace referencia el propio autor a ideas que deberían estar en la Poética y que no aparecen, lo que lleva a los especialistas a afirmar ésta pérdida de partes importantes del libro que tenemos entre manos.

La poesía tiene en el mundo de la Grecia Clásica una función primordial en la educación, su función es educar; algo que se perdería con el paso de la oralidad a la escritura y la llegada de la prosa como forma de expresión. Las Musas irían perdiendo su estatus para dar paso a la reflexión, al pensamiento, a otras formas de sabiduría.

A pesar de ello, Aristóteles escribe estas notas porque la poesía es imitación de las acciones humanas, una imitación que los oyentes hacen experiencia propia, una imitación ejemplificadora -porque si no es así la imitación no tiene sentido-. También lo reconocía Platón, la poesía y la música inspiran a los seres humanos, son poseedoras de cualidades morales y portadores de emociones. En estos fragmentos podemos observar, además, como a pesar de sus respuestas al maestro y sus diferencias, Aristóteles es digno discípulo de Platón.

La Poética, lo que nos ha llegado de ella, consta de 26 capítulos incompletos en los que refleja una primera teoría literaria: reconocimiento de los géneros literarios, formas y medidas de los versos, ritmos, medios y modos de imitación,… Y a través de la literatura y su análisis filosófico, Aristóteles nos lleva a la vida misma, pues la imitación es imitación de aquello que puede ser real:  “la función del poeta no es contar lo sucedido, sino lo que podría suceder (…) Por lo cual la poesía es más filosófica y seria que la historia” (Poet. 1451a-b). Pero no descarta que el poeta pueda también componer sobre hechos que hayan sucedido. Las reglas son la verosimilitud y la necesidad. Una acción siempre se sigue de otra y debe ser creíble, verosímil, que llegue al alma de aquel que la disfruta.

Diferencia la poesía del verso. No todo lo que se escribe en verso es poesía. La obra teatral -tragedia, comedia y drama- se escriben en verso y no por ello son poesía.

Comenta también Aristóteles las partes exactas de las que debe componerse una tragedia, los tipos de ésta que existen; sin dejar de lado la comedia y otros tipos de composición. Y recordándonos en todo momentos que la obra perfecta debe funcionar por sí misma, sin necesidad de elementos exteriores, sin necesidad de la representación física; que cualquiera al leerlo pueda llevar a su mente todo lo que el autor refleja en la obra.

Con este trabajo el Estagirita afirma que si en el campo literario, sea cual sea su manifestación, hubiera conflicto entre la razón y la realidad, es la razón la que debe prevalecer: “Hay que preferir lo imposible verosímil a lo posible increíble; y los argumentos no hay que ensamblarlos a base de elementos irracionales, sino que en la mayor medida posible nada irracional deben tener o, en caso contrario, que sea fuera de la fabulación…” (Poet., 1460a).

Es, en fin, la Poética una obra que nos ayuda a conocer los comienzos de la literatura occidental. Muchos, antes que Aristóteles pusiera estas ideas por escrito, habían hecho literatura pero nadie había intentado explicar el arte literario en sí. A partir de él, sobre todo en la Edad Media y siglos posteriores, la teoría literaria se hizo esencial para entender las expresiones artísticas que tienen que ver con la oralidad y la escritura, con la transmisión de hecho y sentimientos, con la imitación de lo real y la aportación verosímil de lo irreal pero no imposible.

Quizá no sea lectura para todos los públicos, pero si te interesa saber sobre el origen de lo que leemos, ya sea poesía, novela, etc., y de aquello que disfrutamos en los teatros hoy día, la Poética es un buen comienzo; es, de hecho, el comienzo.

Poética

Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros, de Stephen W. Hawking

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¿Cuándo nació el universo? ¿Nació o fue creado? ¿Qué es el tiempo? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Por qué empezó todo? ¿Qué relación hay entre Aristóteles y Einstein u Oppenheimer?

En esta obra Hawking acerca a los no especialistas conceptos como espacio, tiempo, agujero negro, big bang, big crunch, teoría de cuerdas y supercuerdas, y otros conceptos de la física (teórica) desconocidos para la mayoría; además, incluye algunas explicaciones de matemáticas complejas.

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El texto, dividido en diez capítulos que intenta explicarlo todo de la forma más clara posible, se completa con una maravillosa introducción de Carl Sagan y una conclusión muy clarificadora.

Acompañan también al texto las biografías -reducidas- de Galileo, Newton y Einstein, además de un glosario de términos esenciales para entender las ideas expuestas.

En pocas páginas Hawking recorre la historia del tiempo desde el siglo III a.C al siglo XX d.C. Sólo una pega, a pesar de sus intentos, ya lo he comentado antes y él mismo expuso que este es un libro de divulgación científica, no es un libro escrito para cualquier lector, aún siendo una obra de divulgación el vocabulario es muy técnico, de hecho, se agradece el glosario de término que se adjunta al final del volumen.
Hawking considera que los avances recientes de la física, gracias a las fantásticas nuevas tecnologías, sugieren respuestas a algunas de estas preguntas que desde hace tiempo nos preocupan.

Dice Carl Sagan que

“También se trata de un libro acerca de Dios… o quizás acerca de la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas.
Hawking se embarca en una búsqueda de la respuesta a la famosa pregunta de Einstein sobre si Dios tuvo alguna posibilidad de elegir al crear el universo. Hawking intenta, como él mismo señala, comprender el pensamiento de Dios. Y esto hace que sea totalmente inesperada la conclusión de su esfuerzo, al menos hasta ahora: un universo sin un borde espacial, sin principio ni final en el tiempo, y sin lugar para un Creador.”

Es un libro interesante para todos los curiosos. Y muy interesante para los filósofos curiosos. En sus páginas Hawking hace un repaso breve, pero iluminador, a la contribución que la filosofía ha hecho a la física hasta llegar el siglo XVIII, durante el cual, según el autor los filósofos se perdieron en campos excesivamente generales perdiendo perspectiva científica.

“Hasta ahora, la mayoría de los científicos han estado demasiados ocupados con el desarrollo de nuevas teorías que describen cómo es el universo para hacerse la pregunta de por qué. Por otro lado, la gente cuya ocupación es preguntarse por qué, los filósofos, no ha podido avanzar al paso de las teorías científicas. En el siglo XVIII, los filósofos consideraban todo el conocimiento humano, incluida la ciencia, como su campo, y discutían cuestiones como, ¿tuvo el universo un principio? Sin embargo, en los siglos XIX y XX, la ciencia se hizo demasiado técnica y matemáticas para ellos, y para cualquiera, excepto para unos pocos especialistas. Los filósofos redujeron tanto el campo de sus indagaciones que Wittgenstein, el filósofo más famoso de este siglo, dijo: “la única tarea que le queda a la filosofía es el análisis del lenguaje”. ¡Qué distancia desde la gran tradición filosófica de Aristóteles a Kant!”

Nos encontramos con Aristóteles, Kant, San Agustín, Popper, Berkeley, entre otros muchos, y vemos cómo algunas de sus obras han influido en la evolución de la física y de la observación del universo. Tras exponer los comienzos de las observaciones científicas pasa Hawking a comentar los conceptos de espacio y tiempo, la expansión del universo, el principio de incertidumbre, las partículas elementales, etc. Dejando al lector interesado en estas lides con buen sabor de boca.

“No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.”

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Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros.
Stephen W. Hawking.

Drakontos Bolsillo.

La metamorfosis, de Franz Kafka

¿Qué ocurriría si una mañana cualquiera tú cuerpo no fuese el mismo y te hubieras convertido en un insecto?

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Esto es lo que le ocurrió a Gregor Samsa.

Tras un largo día de trabajo, Gregor llega a casa, se va a la cama y a la mañana siguiente, cuando va a levantarse, se da cuenta de que él ya no es él, o al menos externamente.
Desde ese momento todo lo que se deriva de su transformación pertenece al campo del absurdo: su preocupación por levantarse de la cama y que nadie se dé cuenta del cambio, el no querer faltar al trabajo, la reacción de la familia, y todo lo que sucede hasta el desenlace final no es más que absurdo sobre absurdo.

Pero, ¿cuál es el mensaje de Kafka?

Mucho se ha debatido sobre ello:
– El existencialismo kafkiano que expresa el desaliento del hombre ante el absurdo del mundo: Samsa no logra entender que ha podido pasarle durante la noche, y no sabe qué hacer, intenta actuar como cada día pero su nuevo cuerpo se lo impide, su mente parece funcionar igual, nada ha cambiado… ¿O sí?

– La falta de libertad en un sistema socioeconómico que nos obliga a trabajar para vivir sin, finalmente, dejarnos tiempo para vivir: en la obra se ve reflejado que el horario laboral de Samsa no es el mejor para poder socializar y hacer otra cosa que o sea trabajar. Se va en el tren muy temprano por la mañana y regresa siempre tarde. En diversos momentos de la narración de deja ver como Gregor desea reunir el dinero necesario para pagar una deuda contraída por la familia y poder dejar el trabajo como comerciante de telas.

– El extrañamiento de los que nos rodean cuando cambiamos en algo: Gregor, aunque sabe que se ha transformado exteriormente se sabe igual por dentro, es él, es Gregor; pero su familia no logra reconocerle en ese bicho en el que ha mutado. Sólo su hermana parece ver algo familiar en él.
¿Por qué nadie sabe verle debajo de ese cuerpo nuevo si él no ha dejado de ser él?

– La muerte social de los que son diferentes: nuestro protagonista ya no pertenece al mismo grupo que el resto de los personajes de la narración. Está ahí y le dejan estar ahí, hasta cierto punto, por ser quién fue; pero a nadie le gusta ver cómo es ahora. ¿Por qué tememos a las personas que son diferentes?

La lectura de esta obra de Kafka invita a la reflexión profunda, a las preguntas incómodas, al análisis de la constante metáfora, a introducirnos en el absurdo… Entren, lean, y saquen sus propias conclusiones.

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La agonía del cristianismo, de Miguel de Unamuno

El existencialismo unamuniano, como buen existencialismo, hunde sus raíces en su propia experiencia vital; desgarrada, a causa de la muerte de su hijo y desgarradora, la vida le decepciona una y otra vez alimentando sus inquietudes y tristezas.

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El centro de las inquietudes recogidas en esta obra es el cristianismo, y es en el cristianismo en el que Unamuno asienta la agonía de su fe, “producto de una desesperación íntima que él se dedicaba a superar a fuerza de voluntad”.

La agonía del cristianismo nace en su destierro parisino en 1923, tras su corta estancia en Fuerteventura. Sufría Unamuno “lo que podría sufrir Don Quijote cuando se vio paralizado por los hechizos de un encantador, encerrado en una jaula y lentamente arrastrado por unos bueyes a través del campo”, escribiría su amigo Cassou, quien le animó a escribir sobre sus preocupaciones e ideas. Y así surgió esta agonía que abriría en Unamuno nuevas fuentes de creatividad.

Es esta obra un puente espiritual entre lo español y lo francés, trascendiendo ambos para aunarlos en la unión espiritual del cristianismo; pero no pensada para un público español, ya que nuestro filósofo pensaba que este texto nunca llegaría a ojos patrios; a pesar de lo cual, el propio Unamuno reconoce que fue concebido como un libro europeo, en el que el “elemento español adquiere la resonancia universal que merece”.

Pero, ¿qué es la agonía del cristianismo? Es una lucha. La lucha misma, una lucha sin tregua, sin tregua y sin resolución, porque la vida de un verdadero cristiano es más vida cuanto más insoluble, porque la lucha es dinámica, es vital -podemos ver en esto algo que resonará en la voz de su San Manuel Bueno, mártir, publicado en 1931-.
Pero no hay sólo fe y religión en esta obra, también humanidad, sociedad e incluso hay lugar para la política. Unamuno mira a España desde su exilio y ve la situación política “lejos de los evangelios”; sumida en una falsa espiritualidad -¿qué pensaría don Miguel de nuestro actual estado nacional y sus políticos e “iglesia”?-.

Unamuno denuncia que los estados se apropien de las religiones y que las religiones de los estados. Porque la fe es personal e intransferible, y aunque sea compartida por muchos no es dominio de ninguno, ni representativa de una nación (“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” nos recuerda). Jesús fue un antipatriota, dice, por eso lo condenaron.

También toca don Miguel el tema de la mujer. Porque si dice el Antiguo Testamento que la mujer fue hecha de la costilla del hombre, el Nuevo Testamento, que es el libro de los cristianos, dice que fue una mujer la madre de Jesús, que fue una mujer quién siempre lo acompañó sin traicionarlo, que fue una mujer quién dio el mensaje de su resurrección y creyó en él sin necesidad de tocarlo. Que la fe como la sabiduría son palabras de género femenino. E incluso nos recuerda que en la mitología griega, donde el dios supremo, Zeus, padre de todos, es capaz de parir hijos, pare a Atenea desde su cabeza y es una mujer el símbolo de la sabiduría, el conocimiento y la justicia.

El cristianismo dejó de serlo verdaderamente desde el momento en que se politizó y se paganizó convirtiéndose en un Estado. E ahí el comienzo de la agonía del cristianismo y de los cristianos.

Poco a poco, en agonía, Unamuno ha ido analizando todo aquello que le sume en un estado agónico: la fe cristiana, el estado en el que se encuentra España, él mismo, y no se olvida de su origen: el ser vasco. Según él, “yo, que soy vasco, lo que es ser más español todavía”, se debate entre todo lo que le marca, porque es todo lo que le construye, es todo lo que es: vasco, español, europeo y cristiano.

Y así, poco a poco, don Miguel, hijo de su época, hermano de los hijos de la generación del 98, reflexiona sobre lo humano y lo divino hecho humano. Reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre el estar y el no estar, sobre la creencia y la increencia, sobre la religión, sobre la patria y el Estado (que no son la misma cosa aunque pueda parecerlo), sobre el dolor -su dolor-, pero siempre desde sí, desde -como dice nuestro Ortega– su perspectiva, porque eso es lo que todos somos, nuestra propia perspectiva del mundo.
Porque si bien es cierto, pese a todos los intentos, ni Europa nos ha europeizado ni nosotros la hemos españolizado; y así seguimos, en una lucha constante, en una agonía constante que no tiene fin.

“Escribo estas líneas, digo, lejos de mi España, mi madre y mi hija -sí, mi hija, porque yo soy uno de sus padres-, y las escribo mientras mi España agoniza, a la vez que agoniza en ella el cristianismo. Quiso propagar el catolicismo a espada; proclamó la cruzada, y a espada va a morir. Y a espada envenenada. Y la agonía de mi España es la agonía de mi cristianismo. Y la agonía de mi quijotismo es también la agonía de Don Quijote.
(…) y mi España agoniza y va acaso a morir en la cruz de la espada y con efusión de sangre… ¿redentora también? Y a ver si con la sangre se va el veneno de ella.
Mas el Cristo no sólo derramó sangre en la cruz, la sangre que, bautizando a Longinos, el soldado ciego, le hizo creer, sino que sudó “como goterones de sangre” –ósei zpóboi aímatos- en su agonía del monte de los Olivos. Y aquellas como gotas de sangre eran simientes de agonía, eran las simientes de la agonía del cristianismo. Entre tanto gemía el Cristo: “Hágase tu voluntad y no la mía”.
¡Cristo nuestro, Cristo nuestro!, ¿por qué nos has abandonado?”

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San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno

Manuel Bueno es el párroco de Valverde de Lucerna, un pequeño pueblo rodeado de montañas y con un lago. Montaña y lago, dos protagonistas más de esta obra de Unamuno -porque no sólo don Manuel, Ángela y Lázaro protagonizan la historia de la que vamos a hablar-.

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Esta pequeña -gran- obra de don Miguel relata la lucha entre la fe y la duda, entre el creer y el dolor de no creer; es una lucha de la existencia contra sí misma. Una lucha que muchos podemos hacer propia, porque no sólo don Manuel convive con sus propios demonios.

San Manuel Bueno, mártir trata, en la figura del principal protagonista, muchas de las preocupaciones espirituales del filósofo y nos interpela, casi sin que nos demos cuenta, para que nosotros también nos planteemos las nuestras.

¿Nos reflejamos en don Manuel? ¿En Lázaro? ¿En Ángela? ¿En el pobre de Blasillo el bobo?

La obra (re)presenta dos de los grandes fundamentos del existencialismo: la vida y la duda. Pero a diferencia de otros existencialistas, aunque Unamuno presenta la vida como algo a lo que nos han arrojado (con Calderón de la Barca nos recuerda: “el delito mayor del hombre es haber nacido”) es también como una celebración que debe alejarnos del deseo de abandonar este mundo en el que no elegimos estar, al menos esa va a ser la filosofía de don Manuel.

En una boda dijo una vez: ¡Ay, si pudiese cambiar el agua toda de nuestro lago en vino, en un vinillo que por mucho que de él se bebiera alegrara siempre, sin emborrachar nunca…, o por lo menos con una borrachera alegre…!-Lo primero- decía- es que el pueblo esté contento, que estén todos contentos de vivir. El contentamiento de vivir es lo primero en todo. Nadie debe querer morirse hasta que Dios quiera.
(…)

Como en la obra de Kierkegaard, vemos en esta obra de nuestro dubitativo filósofo una imagen clara de su enraizamiento cristiano: la fe no puede estar en lucha con la alegría porque la alegría es el fondo de la cuestión vital (también es fondo de la cuestión religiosa, son muchos los santos y padres de la iglesia que han subrayado la importancia de la alegría en el cristiano, muy a pesar, muchas veces de la propia Iglesia).

Una vez pasó por el pueblo una banda de pobres titiriteros. El jefe de ella, que llegó con la mujer gravemente enferma y embarazada, y con tres hijos que le ayudaban, hacía de payaso. Mientras él estaba en la plaza del pueblo, haciendo reír a los niños y aun a los grandes, ella, sintiéndose de pronto gravemente indispuesta, se tuvo que retirar y se retiró escoltada por una mirada de congoja del payaso y una risotada de los niños. Y escoltada por don Manuel, que luego, en un rincón de la cuadra de la posada, le ayudó a bien morir. Y cuando, acabada la fiesta, supo el pueblo y supo el payaso la tragedia, fuéronse todos a la posada, y el pobre hombre, diciendo con llanto en la voz: “Bien se dice, señor cura, que es usted todo un santo”, se acercó a éste, queriendo tomarle la mano para besársela; pero don Manuel se adelantó y, tomándosela al payaso, pronunció ante todos:
-El santo eres tú, honrado payaso; te vi trabajar, y comprendí que no sólo lo haces para dar pan a tus hijos, sino para dar alegría a los de los otros (…).

Unamuno, a su forma, nos plantea un problema, una cuestión vital: ¿qué hacer cuando no se hallan motivos para la alegría? ¿Qué hacer cuando todo se presenta bajo la inquietante forma de la duda? ¿Qué hacer cuando todo aquello en lo que crees se hunde en un abismo negro y no logras rescatarlo? ¿Qué hacer para dar a los demás lo que necesitan cuándo no lo encuentras en ti?

San Manuel Bueno es la respuesta (la que don Miguel nos ofrece). Reír, vivir y ayudar a reír y a vivir a los demás; esconder el dolor y la duda bajo la máscara, porque al final tanto el dolor como la duda se curan: “Sí, al fin se cura el sueño…, y al fin se cura la vida…, al fin se acaba la cruz del nacimiento… Y como dijo Calderón, el hacer bien, y el engañar bien, ni aun en sueños se pierde…”.

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