Miguel de Unamuno, Fragmentos sobre la eternidad

eternidad

“Yo, señor mío, escribo con la sangre de mi corazón, no con tinta neutra, mis pensamientos, muchas veces contradictorios entre sí, mis dudas, mis anhelos, mis sedes y hambres de espíritu; no redacto conclusiones. (….) Y sé que todo pensamiento escrito con sangre del corazón es una cosa de belleza, digan lo que quieran los artistas de la forma”.

De mi vida

“Y bien -se me dirá….: ¿cuál es tu religión?. Y yo responderé: Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarla mientras viva; mi religión es luchar incesante e incansablemente con el misterio; mi religión es luchar con Dios desde el romper del alaba hasta el caer de la noche, como dicen que con Él luchó Jacob”

Mi religión y otros ensayos

“¡Eternidad!, ¡eternidad! Éste es el anhelo; la sed de eternidad es lo que se llama a mor entre los hombres, y quien a otro ama es que quiere eternizarse en él. Lo que o es eterno tampoco es real. (…) No quiero morirme; yo no quiero, ni quiero quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo, este pobre yo que me soy y me siento ser ahora y aquí, y por eso me tortura el problema de la duración de mi lama, de la mía propia”.

Del sentimiento trágico de la vida

“Porque si no, me atormentaría tanto, que acabaría gritándola en medio de la plaza, y eso jamás, jamás, jamás. Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarlos. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerlos vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacer vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto las consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que ha hecho. ¿Y la mia? La mía es consolarme en consolar a los demás aunque el consuelo que les doy no sea el mío”.

San Manuel Bueno, mártir

“No puede ser, Augusto, no puede ser. Ha llegado tu hora. Está escrito y no puedo volverme atrás. Te morirás. (…) No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir. Verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme. ¿Conque no lo quiere? ¿Conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted morirá, también usted y se volverá  la nada de la que salió… ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco, lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, Augusto Pérez, que su víctima”.

Niebla

don miguel

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