Conócete a tí mismo

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Conocerse a sí mismo, dicen, es uno de los principios de la sabiduría.

No son pocas las voces que han tratado el tema del conocerse, reconocerse (o no) y profundizar en el yo: Tales, Sócrates, Cicerón, Freud, Agustín de Hipona, Hildegarda de Bigen, Kant, Simone Weil, C.S. Lewis, Hermann Hesse, Simone de Beauvoir, entre muchos otros. Y todas hacen la misma apreciación: conocerse es un acto de valentía y de responsabilidad porque tú eres la única persona que puedes asegurar que estará contigo todos y cada uno de los días de tu vida. Y si no estás bien contigo… tienes un problema.

Conocerte te permite saber sobre ti y sobre el mundo, pero no es fácil pues son muchas las máscaras por las que nos dejamos cubrir viviendo en sociedad.

Además, como bien apunta Quino en la cabecera de esta entrada, ¿qué ocurre si no nos gusta lo que encontramos? Aunque la respuesta a esta pregunta parece obvia: si no te gusta lo que hay, cámbialo.

Enfréntate a tus miedos, crece, transfórmate. Encuéntrate.

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Pero pongámonos en la situación de que sí nos conocemos, de que nos gustamos como somos y solemos mirarnos dentro para sabernos y reconocernos, y que eso es lo que mostramos al mundo. Y pongámonos también en la situación de que al mundo no le gusta lo que ve.

Entonces, ¿qué? Porque “nadie puede crecer en libertad y vivir en plenitud sin sentirse comprendido al menos por una persona. Quien quiera conocerse como es debido tiene que abrirse a un confidente libremente elegido y merecedor de tal confianza”, nos explica John Powell en su ¿Por qué temo decirte quién soy?.

Hace algunas semanas conversaba con un amigo sobre esto y concluimos que los seres humanos tenemos la necesidad, entre otras muchas, de ser escuchados, tomados en serio, comprendidos, aceptados. Necesitamos no sólo tener nuestro lugar en el mundo sino que alguien nos acepte en ese lugar del mundo porque, lo queramos o no, somos seres sociales. Necesitamos los unos de los otros -no nos olvidemos de nuestro Ortega: somos “yo” y “circunstancia”, no podemos desligar el uno de la otra- y, generalmente, para estar con los otros portamos máscaras que nos ayudan a parecernos a las personas que los otros buscan en nosotros.

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También Hesse dejó escrito que “no es mi obligación entregar a los demás lo objetivamente mejor, sino lo mío, tan pura y sinceramente como sea posible”, sólo así las relaciones que entablemos en el mundo serán reales.

El problema surge cuando comprendemos que mostrarnos así, sinceros, ante los demás también nos vuelve más vulnerables. La vida se torna batalla y dejar los flancos al descubierto puede significar perder la guerra de la confianza  y la creación de la propia personalidad.

La persona no es sólo lo que encerramos en nuestro interior sino todas las relaciones que tenemos con nuestro alrededor. La persona es un proceso dinámino, en constante transición, dialéctico -por usar un término más filosófico-. Como Heráclito señaló, lo que conociste ayer no lo conocerás hoy; lo mismo ocurre con las personas, con cada uno de nosotros. No podemos pensar que hoy hablamos con X y que X es el mismo hoy que ayer -hay excepciones, sí, siempre hay la excepción que confirma la regla- porque hoy tenemos más expriencia de la vida, hemos descubierto nuevas profundidades, hemos sufrido, hemos caído, nos hemos levantado, hemos compartido, hemos sido traicionados, hemos amado, etc.

No podemos atribuir a cada persona un comportamiento fijo o una personalidad delimitada y perfectamente dibujada. Dice John Powell en la misma obra que antes he citado: “Acércate a mí, pues, con un cierto sentido de curiosidad, y busca en mi rostro, en mis manos y en mi voz los indicios del cambio; porque lo que es seguro es que he cambiado. Ahora bien, una vez que admitas esto (si es que lo admites), puede que todavía me dé cierto miedo decirte quién soy”.

Si pensamos en Freud y en su El malestar en la cultura podemos reconocer que, estando de acuerdo con él, la cultura nos ha llevado, y nos lleva en muchos casos, a portar tales máscaras -que ya he mencionado- pero ninguno, creo, quiere vivir una mentira pues es incómodo pretender ser quien no se es, pero el miedo a la sinceridad total hace que recurrir a los roles -máscaras- sea un acto reflejo que no podemos evitar.

Puede que incluso llegue el momento en que no sepamos diferenciar la realidad propia de la actuación social, ese momento en el que ni somos ni dejamos de ser, ese momento en el que no nos hallamos-a-nosotros porque queremos ser de una forma pero se nos exige ser de otra. Es esta la condición humana.

Conocete-a-ti-mismo-270x300Por eso, todos y cada uno de nosotros, deberíamos preguntarnos en algún momento qué clase de persona queremos llegar a ser, ya que sólo buscando a ese ser-persona-plena puedo aspirar a llegar a mi y desde ahí llegar a tí. Algo así como el equilibrio heideggeriano entre “lo que hay” y “lo que está por llegar”.

Como dijo Sócrates: “Una vida sin reflexión no merece la pena ser vivida”. En este caso la reflexión sobre nosotros mismos, algo que no solemos hacer ya sea por miedo, por comodidad o, simplemente, porque nadie nos dijo que podiamos mirar hacia dentro como lo hacemos a través de una ventana abierta para ver el cielo y saber si se avecina tormenta.

Esta entrada de hoy es una reflexión, un poco desordenada, creo, para invitaros -invitarnos- a pensar un poco cada día en el mundo desde nosotros mismos hacia el exterior. Una invitación a conocernos un poco más, para entendernos un poco más, y empatizar con mi yo y mis circunstancias.

Aún así, cuando entablemos relación con nosotros, o con los demás, no debemos olvidar estas palabras:

“Temo decirte (descubrirme/descubrirte) quién soy, porque, si yo te digo quién soy (si me ves), puede que no te (me) guste cómo soy, y eso es todo lo que tengo” -la cita es del libro de Powell, los paréntesis con los añadidos son mios-.

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5 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. El Taller de la Serenidad
    Nov 10, 2014 @ 23:41:29

    Con tu permiso, voy a robarte algunos trozos para el tema de crecimiento personal que estoy dando este curso en el taller.

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  2. Atmar
    Nov 18, 2014 @ 16:27:05

    Me encanta! es asi… cada uno se crea segun sus circuntancias, y para entender a tu vecino hay que verlo segun el y lo que ha vivido…y no cerrarnos NUNCA a la evolucion, al crecimiento, a la busqueda del equilibrio, a la madurez ni a la sabiduria…
    Y por lo tanto no podemos juzgar a nadie por lo que era, porque no sabes lo que esta persona a vivido/ aprendido ayer.
    MUAK!

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  3. Cecilia
    May 06, 2015 @ 21:07:39

    Hola! Soy Cecilia, de Argentina, profesora de Filosofía de Media…. muy costoso dar esta materia a adolescentes pero encuentro en tu blog y en esta entrada, especialmente, una reflexión muy motivadora por lo cual te pido prestadas algunas imágenes e ideas. Gracias y más gracias! Excelente espacio el que creaste! Cariños!

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    • Sofista
      May 09, 2015 @ 12:05:51

      Toma lo que quieras del blog, Cecilia, lo escribo para compartir ideas, para abrirme al mundo y aprender.
      Acércate siempre que quieras y si tienes sugerencias o críticas, también las acepto.
      Un afectuoso saludo desde Sevilla.

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