Mujer, levántate y anda

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Desde el principio de la historia la mujer siempre ha tenido un papel negativo y oscuro. Siempre ella ha sido la culpable de todo. Eva fue la culpable de la expulsión del Paraíso, Helena la culpable de la guerra de Troya, Dalila traicionó a Sansón,… Desde el principio de los tiempos la mujer ha mantenido el eterno combate entre el pecado y la gracia, porque Ella es fuente de vida, pero es también origen de la muerte física que no tendríamos que padecer si no hubiese escuchado el tentador silbido de la serpiente.

Este trabajo parte de la obra Mujer, levántate y anda de José Maria Gironella. En esta obra este autor español intenta hacer un retrato de la mujer contemporánea, “he aquí una novela escrita pensando en el combate eternamente renovado, en la lucha que sostienen desde el principio de los tiempo el pecado y la gracia. La mujer que protagoniza la narración se llama Myriam, (…). He situado la acción en Roma, porque es a la vez la ciudad más religiosa y más pagana de Occidente” .

Todo comienza, y todo acaba, en Roma. En la ciudad de los emperadores, en la ciudad de los pontífices, en la ciudad de las ruinas,… Las ruinas de una mujer confusa intentan levantarse sobre lo poco que ha podido construir. Myriam es una mujer de treinta y tres años, apátrida, solitaria, depresiva, sin hogar, sin familia, en constante guerra con ella y con el mundo. Myriam es una mujer independiente. Myriam ama el misterio. No tiene un trabajo concreto, intenta ganarse la vida como intérprete en algunos hoteles de la inmortal ciudad imperial, así creía recuperarse un poco a sí misma, “Con mi tarea, ayudo a que las gentes se comprendan entre sí”. Myriam es supersticiosa. Se diría que después de crear el universo Dios lo destruyó todo y dejó a Myriam sola ante la reconstrucción. Myriam es un alma sin cuerpo.

“Myriam se pasó mucho tiempo buscando en Roma algo que reflejara su propia vida: las fachadas tristes, el Tíber fangoso, los pequeños cafés. Finalmente, eligió los gatos. Los gatos eran también apátridas, no tenían dueño y vagaban por la ciudad como centinelas de la Luna”.

Myriam se sabía cada vez más al borde de una depresión que acabaría con ella, pero qué más daba. No habría nadie que la añorase, ninguna cuna que la llorase, ningún compañero que la acompañase a ese último paso de la existencia.

En la primavera de 1962 entra a formar parte de la vida de Myriam el profesor Pablo Hauer. Tras días de trabajar con él traduciendo sus conferencias comienzan una relación que acabará momentáneamente con su muerte, pero que no logrará acabar con su soledad. Soledad que en último término es lo que volverá a conducirla a la muerte. Myriam está condenada a un monólogo sin fin porque ella ha decidido que la soledad es la mejor forma de no sufrir, o al menos de sufrir sólo y únicamente por causa de uno mismo, y no de los demás. Hauer le enseña que si “Dios hubiera tenido Madre, no existiría el dolor”, le enseña que por muy libre que ella quiera ser no es más que el producto de todo lo que ha existido antes que ella, que no somos más que un producto de nuestros antepasados. La relación de Hauer con Myriam erosiona cada vez más el corazón de esta que cada vez más se considera “una pobre mujer, incapaz de inspirar afectos duraderos”. Pero da igual ella es apátrida, y los apátridas son futuros suicidas sin prisa.

Cuando Hauer desaparece de la vida de Myriam, tal como llegó, sin avisar, parece que todo se hunde de nuevo, pero una vez más un hombre, esta vez el Hombre la rescata de su soledad y de su tristeza. Este Hombre, el doctor Emmanuele, le recuerda que la “amenaza más grave que pesa hoy sobre la sociedad es la indiferencia del hombre. La indiferencia de su corazón”.

Myriam se enfrenta a lo que la mujer desde siempre se ha enfrentado. Hacerlo todo bajo la sombra de los hombres, hombres que en imagen simbólica encarnan en esta obra al pecado y a la gracia, a Satán y a Dios, al que nos culpa y al que nos salva. Al que quiere reescribir la historia y al que comenzó a escribirla.

La obra de Gironella, dependiendo de cómo se lea, puede tener un doble significado en cada uno de sus personajes; pero mire por donde se mire Myriam está sola, para vivir, para decidir, para todo lo que hace está sola.

Al final de la obra, un final impresionantemente simbólico, Myriam aprende lo que es vivir para los demás, aprende a salir de sí, aprende a decidir y a aceptar sus decisiones. Aprende de alguna forma a ser ella, pero lo aprende de mano de dos hombres, ¿quiere esto decir que tiene que enseñar la libertad a la mujer quien un día se la quitó? ¿Quiere decir esto de alguna forma que la mujer no aprende si no es guiada?

La obra de Gironella puede resultar en extremo ambigua, pero deja claro que la independencia y seguridad de la mujer en el mundo contemporáneo es como un salto mortal y sin red, porque la mujer actual, “más libre que ayer pero menos que mañana”, se levanta todos los días con la impresión de que las cosas aún no son como debieran ser. La mujer actual trabaja fuera de casa, no todas, pero aún así también trabajan dentro de casa. La ayuda de la pareja y de los hijos es todavía para algunas mujeres una lejana utopía.

Desde hace poco tiempo estamos viendo en los medios de comunicación publicidad, promovida por el Ministerio de Fomento y Asuntos Sociales, que anima a la igualdad en las labores domésticas entre hombres y mujeres: “Tú también sabes limpiar, porque no lo haces en casa”. Así reza el mensaje de la campaña que invita a los españoles a colaborar en las tareas del hogar.
La mujer desde siempre ha sido capitana de ese turbulento barco que llamamos familia. Aunque el padre siempre haya sido conocido como padre de familia es la madre la que ha sostenido el peso del hogar. Ahora decimos que no queremos el poder porque el poder es un concepto negativo en nuestra visión del mundo, porque el poder es cosa de hombres, porque poder supone estar por encima de, mirar por encima del hombro de,… porque tener poder supone establecerse en un lugar que siempre nos ha sido negado y para el cual se necesitan cualidades que nunca se han visto femeninas.

¿Pero quién dice cuales son las cualidades femeninas y cuáles no? ¿Montar una estantería es una cualidad masculina y hacer un pastel, femenina? ¿Estudiar filosofía es cosa de hombres y magisterio de mujeres? ¿Ser policía es cosa de hombres y enfermera de mujeres? ¿Por qué?

Vemos como, poco a poco, la mujer se hace un hueco en las escalas sociales que siempre han sido para los hombres, aunque pese a ello no sea reconocida ni bien vista en algunas ocasiones. Y pese a que entra en la vida pública cada vez más como protagonista, no deja de ser la “estrella en la vida privada”, ella sigue siendo la cocinera, la limpiadora, la planchadora, la que la lava, la que tiende, la que lleva a los niños al colegio, la que hace las compras,… al fin y al cabo la que está a la vez fuera y dentro, en casa y en la calle, de ministra y de sirvienta.

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Este pequeño apunte bibliográfico fue escrito en 2002, no recuerdo para qué asignatura, aunque supongo que sería para Historía de la Antropología que impartía la Profesora Gemma Vicente Arregui, o para el Seminario Internacional de Estudios De las Mujeres, que se celebró ese mismo año en Sevilla.

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Recordé que lo había escrito y el hecho de pensar en ciertas cosas viene bien en estos días de turbulencias políticas y opiniones de ministros varios.

 

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Mariloli Ruinervo
    May 31, 2014 @ 22:35:47

    Me ha encantado, las mujeres poco a poco vamos despertando del letargo, pero no parece que a todas les guste este despertar y a los hombres no digamos.

    Le gusta a 1 persona

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