Publicado en Lecturas filosóficas

Sexo y filosofía

Sobre  Sexo y Filosofía. Sobre “mujer” y “poder”. Amelia Valcárcel. Anthropos, Barcelona, 1991.

“Sola en casa solía debatirme como a los quince años; temblorosa, las manos húmedas. Gritaba enloquecida, ¡no quiero morir!”.  Simone de Beauvoir.

         No quiero morir es el grito de “la mujer” desde el principio de la historia; por esto, entre otras cosas, Amelia Valcárcel quiere con esta obra reafirmar la necesidad de hacer una teoría política del feminismo.

         En el primer capítulo de Sexo y Filosofía Amelia Valcárcel nos habla de Simone de Beauvoir y Simone Weil, es decir, de la diferencia entre la búsqueda del sentido de la existencia y de la búsqueda de la revolución, que no tiene porque dejar de ser una forma de dar sentido a la existencia. La principal figura femenina de la obra es, sin lugar a dudas, Simone de Beauvoir. Ella deseaba salir de la idiotización a la que a la mujer se le obligaba a estar, e intenta demostrar la autora[1] con su figura lo que ha llamado la “extraña fatalidad de un don”.

         La mujer desde el momento de su nacimiento es catalogada. Al concepto de mujer van unidas muchas características que históricamente se nos han impuesto y, que en pocas o en ninguna ocasión, se nos han dejado cambiar, de hecho no hemos visto muchas Juanas de Arco que no acabaran siendo quemadas. La mujer ha intentado muchas veces su liberación, pero le ha faltado el impulso de la necesaria politización de ese querer liberarse.

         ¿Por qué la politización? Porque la política es una forma de poder, y poder es lo que principalmente la mujer nunca ha tenido para su necesaria emancipación del mundo patriarcal. Sin embargo, la mujer no quiere “el poder” tal como lo conceptualizamos, porque el poder siempre ha sido algo unido intrínsecamente a la sociedad patriarcal, y la mujer lo que intenta es huir de ese patriarcalismo al que culturalmente a sido sometida. Pero tenemos, necesariamente, que superar ese miedo al poder.

         Tenemos que aprender a pedir lo imposible, o lo que en principio se cree imposible. Tenemos que pedir a la filosofía que nos devuelva todo aquello que nos arrebató o aquello a lo cual no nos dejó acceder, porque “la filosofía ha hecho a las mujeres más males que servicios”.

         La teoría feminista comienza su obra desfundamentando los genéricos. No la mujer o las mujeres, sino esta mujer, esta otra, aquella mujer,… una a una como individuos autónomos e independientes. La mujer va a dejar de ser “varona” para convertirse en MUJER. Valcárcel nos recuerda que el ser humano es el designador de las cosas existentes, pero un ser humano que se reduce bajo el concepto de ser humano-varón, él es el que designa y, por tanto, también la mujer es designada por él. La mujer desde el principio de los tiempos es designación ajena a ella misma. La mujer, el concepto, servía para designar todo lo que quedaba fuera de lo que no era varón… pero he aquí que aparecen las primeras reivindicaciones feministas y frente a la humanidad masculina de Rousseau nace la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft.

         Se comienza, despacio, al grito de “nosotros con los mismos derechos que vosotros”, es decir, bajo un grito neutral que no distingue género y que poco a poco irá tornándose en un “nosotras con los mismos derechos que vosotros”. Aunque somos diferentes, somos iguales, somos seres humanos que pertenecen y realizan la sociedad tanto o más que aquellos que aparecen en los libros de historia como constructores de la misma. El feminismo debe “ASUMIR EL NOSOTRAS” y no dejarse atomizar.

         Se debe mostrar al mundo el poder de Hestia, un poder mudo que debe cobrar voz, porque es un poder siempre presente; porque es muy difícil argumentar que un ser humano este atado desde su nacimiento a un destino concreto y a una tarea concreta. Es además importante mostrar que la propuesta de poder de la mujer es algo formal; recordemos que la mujer siempre está con el poder pero no está en el poder.

         El poder que se necesita es un poder que da miedo, porque la libertad que llega desconcierta, no es deseada, pero para demostrar que las tareas de mujeres no son sólo las domésticas no se puede temer al poder. El feminismo para llegar a ser algo debe siempre buscar más allá, estar siempre en búsqueda. Una vez que se cumpla todo lo que busca quedará de nuevo vacío. El feminismo es la alternativa “global al patriarcado”. Se debe hacer ver que no es lo mismo saber qué es una mujer a saber quién es una mujer.

         El primer paso es reclamar la individualidad, aunque este paso sea un paso que hay que dar en colectivo, es decir, que la conquista de esta individualidad no es algo individual, valga la redundancia, es una lucha común de aquellas que quieren, que queremos, ser reconocidas como individuos que viven y se mueven fuera de la autoridad, ya sea simbólica o real, de los varones.

Nota: esta recensión bibliográfica fue publicada en Thémata. Revista de Filosofía. Universidad de Sevilla. Nº 31. 2003.


[1] Me refiero a la autora de la obra comentada, Amelia Valcárcel.

Autor:

En constante búsqueda de todo. Cada cosa en su justa medida. https://elrincondesofista.wordpress.com/ https://elrincondesofista.wordpress.com/experimentos-literarios/

Un comentario sobre “Sexo y filosofía

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