La utilidad de lo inútil, por Nuccio Ordine

“Sólo la conciencia  de estar destinados a vivir en la incertidumbre, sólo la humildad de considerarse seres falibles, sólo la conciencia de estar expuestos al riesgo del error pueden permitirnos concebir un auténtico encuentro con los otros, con quienes piensan de manera distinta que nosotros”.

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En 2013 el italiano Nuccio Ordine escribió un pequeño pero gran ensayo sobre el valor y la utilidad de lo que las sociedades modernas consideran inútil.

Mucho se ha escrito y se ha dicho sobre la importancia de recuperar el ser sobre el tener, ya que si dejamos el peso de toda nuestra evolución, sea lo que sea que signifique esa palabra, en la utilidad estaremos restando toda la humanidad que hay en las cosas consideradas no-útiles.

La utilidad de lo inútil es una invitación esencial a repensarnos y repensar la realidad que nos rodea. ¿Qué es lo verdaderamente importante?

“Los hipócritas esfuerzos por conjurar la salida de Grecia de Europa -pero las mismas reflexiones podrían valer para Italia o España- son fruto de un cínico cálculo (el precio a pagar sería aún mayor que el supuesto por el frustrado reembolso de la deuda misma) y no de una autentica cultura política fundada en la idea de que Europa sería inconcebible sin Grecia porque los saberes occidentales hunden sus raíces en la lengua y la civilización griegas. ¿Acaso las deudas contraídas con los bancos y las finanzas pueden tener fuerza suficiente para cancelar de un solo plumazo las más importantes deudas que, en el curso de los siglos, hemos contraído con quienes nos han hecho el regalo de un extraordinario patrimonio artístico y literario, musical y filosófico, científico y arquitectónico?”

Como señala Ordine estamos viviendo en una sociedad que valora más un martillo que una sinfonía, un arma más que una poesía,… La utilidad práctica, la que no requiere meditación ni explicación es fácil de integrar en un mundo en el que vale la inmediatez, el tener y el almacenar cosas. Algo que, en realidad, no es nuevo y el autor italiano hace un repaso por autores que a lo largo de los siglos avisaban de esta inclinación de la balanza hacia lo útil. Y también hacia lo superfluo. Hacia lo que nos encadena y nos deshumaniza.

Pero no penséis que Ordine echa mano solo de autores “de letras” para defender la utilidad de lo inútil porque no es así, economistas y científicos son citados para comprender porque el espíritu humano necesita de aquello que hoy muchos tildan de inútil.

” ‘El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse’. Sólo el saber -poniendo en cuestión los paradigmas dominantes del beneficio- puede ser compartido sin empobrecer. Al contrario, enriqueciendo a quien lo transmite y a quien lo recibe”.

Al final del ensayo añade un breve apéndice con un ensayo de Abraham Flexner, escrito en 1939, que tampoco tiene desperdicio, por estar escrito en la fecha en que se escribió y por reflejar las páginas unas escenas que podrían fecharse a día de hoy.

No voy a escribir nada más. Sólo voy a invitaros a leer. Hacedlo. Leed a Ordine. Aprended a disfrutar de la utilidad de lo inútil.

“El enemigo real del género humano no es el pensador audaz e irresponsable, tenga razón o no. El enemigo real es quien trata de moldear el espíritu humano de manera que no se atreva a desplegar sus alas como estas se desplegaron en otro tiempo…

La justificación de la libertad espiritual, sin embargo, supera con mucho la cuestión de la creatividad en el ámbito científico o humanístico, pues implica la tolerancia de todo el espectro de las diferencias humanas”.

Flexner, La utilidad de los conocimientos inútiles

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Filosofía: una guía para la felicidad

No, por desgracia, la idea de esta entrada no es mia, es del filósofo suizo, residente en Londres, Alain de Botton. Autor de la obra Las consolaciones de la filosofía. Para tomarse la vida con “filosofía”, Alain de Botton recuperó las ideas de su libro para hacer una serie de programas en los que explica, de la mano de grandes autores de la filosofía, como esta materia puede ser una guía para la felicidad.

Autores como Séneca, Nietzsche, Montaigne, Epicuro, Sócrates y Schopenhauer nos llevarán por el camino de la búsqueda de esa ansiada felicidad. Pero, ¡ojo!, ese camino no es un camino de rosas y risas. El camino de la felicidad no es siempre un camino fácil, de hecho, casi nada de lo verdaderamente importante lo es.

Aunque tanto la obra escrita como los programas tienen ya algunos años la considero una obra esencial para los tiempos que vivimos, en los que la publicidad, la sociedad, nos invita a consumir para ser felices, pero la realidad nos muestra que esa felicidad es temporal y efímera, así que después de consumir, qué… Qué hacemos.

Ahí entra la filosofía. Ser feliz contigo. Ser feliz con ese antiguo lema de “conócete a ti mismo”. Ser felices en el camino, con todas las complicaciones que puedan salirnos al paso, y no sólo al llegar a la meta.

Las consolaciones de la filosofía WWW.FREELIBROS.COM

Si no tenéis paciencia o ganas de leer os dejo los enlaces para ver los programas de Botton:

Sócrates

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=S24FxdvfOko

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=GT3HhgN1QSo

Epicuro

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=4L3dLWwmDDw&list=PL6EB5455DD49FA150&index=3

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=UFUAVRvYbEc

Séneca

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=UA7cgIg4Lfs&index=2&list=PL6EB5455DD49FA150

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=D3vFZ7ES9Wc

Montaigne

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=gXo70px_tNo&index=4&list=PL6EB5455DD49FA150

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=vKKuhu0NPrA

Schopenhauer

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=UtW3cLWAC3I&index=6&list=PL6EB5455DD49FA150

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=ja8fa_gQenU

Nietzsche

en inglés https://www.youtube.com/watch?v=UbWAj2drGdE&index=5&list=PL6EB5455DD49FA150

subtitulado en español https://www.youtube.com/watch?v=qF4e9_4cJHI

¿Qué es filosofía? (y 11)

“Hay algo que de ningún modo deseo: ser feliz a cambio de aceptar la mentira. Por ejemplo, no toleraría pasar una vida placentera que luego resultara ser un largo sueño. Tampoco me gustaría de ninguna manera vivir toda una vida anestesiado, con un umbral de inconsciencia que me permitiera disfrutar se sofisticados placeres. Eso no es vida”.

Alejandro Llano, de su obra La vida lograda. Ariel, Madrid, 2002

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400 años que nos falta Don Miguel, Don Quijote sigue llorando

Aunque hoy es el cumpleaños de Kant, permitidme que le quite protagonismo al de Königsberg para dedicar la entrada de hoy a Miguel de Cervantes, nuestro escritor más universal y a quien tantas páginas dedicaron -más bien a su Quijote- nuestros filósofos patrios.

TPG108073 Portrait of Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1615) by Jauregui y Aguilar, Juan de (c.1566-1641); Private Collection; Spanish,  out of copyright

Si la historia de la literatura universal tiene dedicado un lugar privilegiado a la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y a su autor, Miguel de Cervantes, éste no gozó en vida del mismo prestigio. Muy al contrario, sus días fueron un cúmulo de sinsabores, aunque sin ellos, tal vez jamás hubiera escrito esas páginas inmortales, pues no hay que olvidar que Cervantes inició la primera parte de la novela a los 57 años de edad.

La influencia de esta obra se propagó rápidamente incluso más allá de nuestras fronteras. Llegó a tener cierta notoriedad en su época, hasta el punto de que un autor desconocido, encubierto bajo el pseudónimo de Avellaneda, escribió una segunda parte apócrifa. La Historia de la Literatura volvió a estar de suerte, porque este hecho animó a Cervantes a concluir una genial segunda parte del Quijote.

A lo largo de los siglos, la novela cervantina ha tenido también sus detractores. Se ha discutido en infinidad de ocasiones acerca de posibles fallos estructurales u de otras supuestas imperfecciones literarias, pero la grandeza de la historia y el valor humano de sus dos protagonistas, asentados en la conciencia popular de por vida, siempre han terminado imponiéndose a todo tipo de críticas.

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La vida de Cervantes merece la pena ser sopesada, con cierto detalle, antes de abordar el estudio de su obra, por tres razones principales: porque es, en sí misma, de un enorme interés para comprender los avatares internos y externos de un español inquieto de la época que pasa de un triunfante siglo XVI a los primeros síntomas de la decadencia del siglo XVII; porque toda su vida está especialmente ligada a su obra, ya que su teatro y su novela se basan en la experiencia de lugares y situaciones bien conocidos, volviendo una y otra vez a os mismos sitios; y porque las frustraciones que acarrea su vida van a condicionar una extraña cronología a la hora de publicar sus obras.

Nace en Alcalá de Henares (Madrid), probablemente el 29 de septiembre de 1547. Es hijo de un cirujano que, por motivos profesionales, tiene que ir de una ciudad a otra: Valladolid, vuelta a Alcalá, Córdoba, Sevilla y Madrid. Se sabe poco de la infancia y adolescencia de nuestro autor. Ni siquiera tenemos la absoluta certeza de que acompañara a su padre en esos traslados. La descripción de un colegio de jesuitas que aparece en El coloquio de los perros, y que parece una evocación de sus años estudiantiles, nos hace pensar que estudió en la Compañía de Jesús.

Con el viaje a Italia de finales del 1569, fugitivo de España por haber causado heridas a un tal Antonio de Sigura, se inician las peripecias de una vida difícil y ajetreada, llena de adversidades. En Roma entra al servicio del cardenal Giulio Acquaviva. Sigue luego la carrera de las armas bajo las órdenes del capitán Diego de Urbina. En 1571 toma parte en la batalla de Lepanto como parte de la armada de don Juan de Austria, donde pelea valerosamente y recibe una herida que le deja inútil el brazo izquierdo. Siempre recordará con orgullo este episodio. Tras restablecerse, se incorpora de nuevo al servicio. Cuando en 1575 regresa a España, su nave es apresada por los corsarios berberiscos, que lo llevan a Argel, donde sufre cautiverio, junto a su hermano Rodrigo,  durante 5 años.

Tras muchas penalidades, es rescatado gracias a la mediación de los padres trinitarios fray Antonio de la Bella y fray Juan Gil. Ya en España, en 1584, se casa con la joven Catalina de Salazar y Palacios. Entre 1581 y 1583 escribe La Galatea. En 1587 se marcha a Sevilla para encargarse del suministro de la Armada Invencible (Comisario de Abastos). Ciertas irregularidades administrativas dan con él en la cárcel de esta ciudad. Cuando en 1604 se traslada a Valladolid, donde está la corte, ya tiene terminada la primera parte del Quijote. Su publicación en 1605 es una auténtica revelación: a sus 57 años cumplidos, al autor se le consideraba un fracasado. En 1606 vuelve a Madrid con la corte. En 1613 aparecen Las Novelas ejemplares; en 1614 Viaje a Parnaso; en 1615 la segunda parte de El Quijote y las Comedias y Entremeses; en 1617, póstumamente, el Persiles y Segismundo. En sus últimos años se concentra su mayor actividad literaria. Muere el 22 de abril de 1616.

Aunque probablemente no llegó a cursar estudios universitarios, era un hombre muy culto, con extraordinaria afición a la lectura. En su juventud fue discípulo en Madrid del humanista Juan López de Hoyos, que imprimió en él la huella del erasmismo. Destacan, por encima de todo, su talante paciente y bienhumorado, lleno de comprensión y tolerancia con la criatura humana, su escepticismo y el humor y la ironía que presiden su visión del mundo, rasgos todos ellos que se traslucen claramente en sus obras.

Cervantes es un hombre lleno de mesura, tolerancia y discreción. Lo que no es frecuente en un hombre de su penetración. Se nos aparece como un hombre bastante aislado de la mayoría de los escritores que acaparan el éxito, e incluso se encuentra enfrentado a varios de ellos. Tal vez por un carácter demasiado serio y reconcentrado, no encontró lugar en el mundo de las letras sino a golpes de genialidad con su Quijote y a contrapelo, como veremos, de muchos. Sin embargo, es admirable su confianza en sí mismo. Al prologar el Quijote de 1605, él sabe que es una obra fuera de lo común. Y es admirable cómo su mundo novelesco se va fraguando, transformando, desde sus inicios hasta el final de su vida, sin desmayo y con pasión, a pesar de sus frecuentes fracasos. Cervantes tuvo dos vocaciones: las armas y las letras. Sintió la atracción de las guerras internacionales de tiempos de Felipe II, y hay que contar siempre con esta vocación, frustrada por heridas y cautiverio, al leer su obra. Pero, como hemos visto, ya desde adolescente se entrega a su gran pasión: la literatura. Y morirá escribiendo y proyectando nuevas obras, e intentando terminar otras. La Galatea es ejemplo sintomático de su modo de realizar su vocación. Publica  la primera parte en 1585, como su primera obra, y la segunda la intenta escribir -tratando de superar la novela pastoril del siglo XVI- durante toda su vida, y, al morir, aún se acuerda de ella y la promete a los lectores, si tiene vida.

No sabemos cómo era realmente el físico de Cervantes. Conocemos retratos de Lope, Góngora, Quevedo, etc. De Cervantes, no. Los varios retratos que circulan como suyos son muy discutibles. El único retrato que conservamos de él es aquel que él mismo escribió al frente de sus Novelas ejemplares, y que nos presenta un Cervantes, ya viejo, detrás del cual aún recuerda al joven.

El Quijote. La obra se publicó en dos partes. Al aparecer la primera en 1605, hubo un considerable revuelo en el mundo literario. Con algunas voces discordantes, como la de Lope de Vega, la opinión general proclamó que se trataba de una obra de excepción. El éxito fue inmediato. En vida del autor se realizaron 16 ediciones y se tradujo al inglés y al francés.

La segunda parte (1615) tuvo que ser concluida precipitadamente porque un tal Alonso Fernández de Avellaneda, cuya identidad se ignora, había publicado en 1614 en Tarragona una continuación de las aventuras de don Quijote. Todo parece indicar que se trata de un pseudónimo. Debe de ocultarse tras él un rival del autor, ya que en el prólogo lo insulta y denigra. Se piensa que quizá pertenecía al círculo de Lope. Cervantes se vio obligado a modificar el plan de su obra para no coincidir con su imitador.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha se imprime por primera vez en 1605, aunque hay teóricos que hablan de una hipotética edición anterior fechada en 1604. El editor fue Francisco de Robles y Juan de la Cuesta se hizo cargo de la impresión.

Como era norma entonces, Cervantes presentó al Consejo Real una copia de la obra realizada por un amanuense profesional. Ésta fue enviada a los censores para su aprobación y a la rúbrica del escribano Juan Gallo. Posteriormente se tramitó la petición del privilegio para imprimir, que fue firmado por Juan de Amézqueta el 26 de septiembre de 1604, para diez años en Castilla.

La primera edición madrileña de 1605 contiene numerosas erratas, derivadas del procedimiento de impresión.

Demuestran el éxito dos ediciones publicadas en Portugal en el mismo año de su aparición en España y la salida de una segunda edición corregida. Hasta 1608no apareció una tercera edición. A finales de 1614, Cervantes acabaría la segunda parte del Quijote, y se publicaría a principios de 1615 por el mismo editor y la misma imprenta.

El Quijote resulta un avance tan prodigioso para la novela universal, y su invención y su técnica tan prodigiosas, que la crítica ha buscado desde hace muchos años todos los antecedentes que pudieran ayudar a entender la gestación de este “milagro” literario.

Don Quijote no debe servir más que para dejar claro cómo el autor supera su fuente hasta que alcanza un nuevo valor.

En sentido estricto el Quijote no debe considerarse un libro de caballerías, ya que es una parodia de los mismos. Sin embargo, estos libros sirven de inspiración al protagonista de la novela. Tópicos como el ritual de investidura de armas, la elección de un escudero, el amor a una dama, los combates contra enemigos desconocidos, la intervención de malignos encantadores o el uso de léxico arcaizante son recursos que el novelista emplea a su manera dándoles un sesgo humorístico.

El género de las novelas de caballería logró que permanecieran vivos en el recuerdo modos de vivir, hablar y pensar ya pasados. Constituyeron para los lectores de la época un refugio de la vida cotidiana. Don Quijote lo explica muy bien “…lea estos libros, y ya verá cómo le destierra la melancolía que tuviere y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala…”

Menéndez Pidal considera el Quijote como “antagonista de los libros de caballerías”. Sin embargo, Cervantes no ataca el ideal de la nobleza caballeresca sino que nos hace ver cómo choca con la vida cotidiana, pone en evidencia este conflicto entre ideales y realidad.

Martín de Riquer ha recordado ciertas obras que parodian la literatura épica o caballeresca que pueden considerarse precedentes literarios del Quijote. Por ejemplo, con igual intención burlesca, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, parodia los cantares de gesta en el episodio de la pelea entre don Carnal y doña Cuaresma, incluido en su Libro de buen amor, en el siglo XIV.

También el libro de El caballero Zifar es un precedente, aunque de naturaleza diferente, ya que en éste la caballería es algo serio y sagrado. Tirante el Blanco, de Joanot Martorell, escrita hacia 1460 y publicada en 1511 en español, representa para Martín de Riquer un caso distinto. Es uno de los libros que se salvan del fuego en el escrutinio de la biblioteca de don Quijote. Por boca del cura, Cervantes muestra su gran admiración “…por su estilo es éste el mejor libro del mundo…”. Es muy probable que algunos personajes del Quijote se basen en la novela de Martorell. Así por ejemplo, los tipos de Atisidora y de doña Rodríguez basados en los de Placer de mi vida y la Viuda Reposada del Tirante.

Otras cualidades del libro que se reflejan en su obra debieron ser del gusto de Cervantes: el gusto por los refranes, el diálogo coloquial presentado hábilmente, creación de tipos verdaderamente humanos y el contar las aventuras de un héroe de proporciones humanas en una geografía auténtica.

Un claro precedente del Quijote lo hallamos en un episodio del Primaleón (continuación del Palmerín de Oliva), publicada como anónima en 1512 en Salamanca. En uno de los episodios de aventuras caballerescas, un escudero se presenta ante el emperador Palmerín para declarar su amor por una doncella. Ambos son tan feos y extravagantes que provocan la hilaridad de los cortesanos. Es probable que Cervantes conociera esta obra.

El romancero fue otra de las fuentes de inspiración para algunos episodios del Quijote, especialmente en la segunda parte, aunque también en la primera. Por ejemplo, el largo episodio de Sierra Morena se hace referencia a una figura de un romance de Juan del Encina. Algunas de las aventuras de la segunda parte tienen su origen en el recuerdo del romancero. Así ocurre con el del Retablo de Maese Pedro o el de la Cueva de Montesinos.

El argumento del Quijote se organiza en torno a tres salidas de los personajes: dos en la primera parte y una en la segunda. Cada una de ellas tiene un movimiento circular: partida, aventuras y vuelta a casa. Es una novela itinerante, en la que los protagonistas se van perfilando a través de las peripecias que les sobrevienen en su recorrido por tierras de la Mancha, Aragón y Cataluña.

Podemos decir, a tenor de lo dicho, que el Quijote de 1605 es una historia de historias. Se van intercalando en esta obra historias que nada tiene que ver con el hilo principal. El Quijote de la primera parte es, por tanto, manierista. Cada texto intercalado es una modalidad distinta de texto intercalado y un modo distinto de intercalar historias. Así, hallamos un amplio muestrario de los géneros novelísticos contemporáneos (recuérdese que hay también abundantes poemas dentro de la novela). Ejemplo de novela pastoril es la historia de Grisóstomo. Para la historia del cautivo, Cervantes está tomando como modelo la novela morisca y concretamente el Abencerraje, y está creando un subgénero, la novela corta de temas de cautivos. La novela de El curioso impertinente, con su ambiente italiano, los nombres de sus personajes y su conflicto psicológico nos lleva a un tipo de relato muy diverso de aquel en el cual está intercalado. Recordemos también el discurso de la Edad de Oro y el de las Armas y las Letras, excelentes muestras de estilo oratorio.

En la segunda parte hay una casi total ausencia de relatos interpolados. El único existente es “Las bodas de Camacho”. Es un relato de tipo secundario. Pero en la segunda parte abunda otro tipo de interpolación: la epistolar. Se introducen muchas cartas. Son cartas que no se desvían de la trama sino que están subordinadas e integradas en la trama principal.

En lo que a la estructura de la obra se refiere, la segunda parte (la publicada en 1615) es más compacta y unitaria. La genialidad espontánea de 1605 ha sido sustituida por una reflexiva, pero fresca y jugosa, creación sin altibajos.

El Quijote nace como una parodia de los libros de caballerías. La intención del autor está claramente expresada en el prólogo. Para conseguir su propósito, recurrirá a contraponer la realidad con las fantasías alucinadas del protagonista, que interpreta los datos de los sentidos con la clave de las novelas caballerescas. Así, al ver la mole de los molinos de viento, cree que son gigantes; al sentir el vino que destilan los cueros agujereados, imagina que es la sangre de sus enemigos; al notar las miradas maliciosas de Maritornes, le vienen a las mientes las tiernas doncellas que se enamoran perdidamente de los caballeros andantes…

A veces los personajes con los que topa deciden seguirle la corriente. Don Quijote ve confirmado su juego y sigue fabulando y superponiendo a la dura y mezquina realidad de la España barroca las fantasías que ha asimilado en sus lecturas.

La comicidad surge del violento contraste entre los delirios del hidalgo y lo que realmente ocurre a su alrededor. A lo largo de la obra, va cambiando la actitud del novelista. Primero solo se propone ridiculizar a un loco que se cree caballero andante en pleno siglo XVII; pero, a medida que avanza la acción, le toma cariño y va dibujando los aspectos positivos del loco idealista que es don Quijote.

Una parte del Quijote ridiculiza el estilo pomposo y altisonante de los libros de caballerías, amontona retruécanos, arcaísmos… Se trata de una parodia. Pero, en general, como suele ocurrir en la prosa cervantina, es un prodigio de equilibrio y naturalidad. Aunque nuestro autor usa a menudo periodos largos, tienen siempre un desarrollo lógico, armónico y sin mayores complicaciones sintácticas. Su estilo es cuidado y elegante, pero no vacila en dar cabida a las expresiones propias del lenguaje coloquial.

Cada personaje presenta unos rasgos lingüísticos que lo definen. Especialmente interesante resulta la caracterización de los protagonistas. Don Quijote emplea distintas jergas según la circunstancias. Cuando se encuentra en su papel de caballero andante, usa un lenguaje arcaico y disparatado, aprendido en las novelas; si la conversación no roza temas caballerescos, se expresa en la lengua coloquial de su tiempo. El habla de Sancho, salpicada de refranes y dichos populares, es expresiva y vivaz, como la del resto de los personajes realistas de la obra. La de los que intervienen en las historias marginales es más artificiosa.

Cervantes declara sus principios estilísticos en el prólogo: la naturalidad (a la llana) la propiedad (palabras significantes) la sintaxis adecuada (palabras bien colocadas) el ritmo (periodo sonoro y festivo) la claridad (sin intricarlas y oscurecerlas).

La multiplicidad de estilos, niveles y usos lingüísticos manejados por Cervantes (caballeresco, amoroso pastoril, oratoria renacentista, niveles culto y popular, palabras procedentes de ámbitos muy diferentes) constituye uno de los rasgos más evidentes de la obra, es la “polifonía lingüística”, dice Lázaro Carreter.

Esta polifonía se va haciendo más compleja en el transcurso de la novela y se concreta en la presencia de una gran variedad de estilos orales y escritos propios de la época. Con todo, el estilo más empleado es el oratorio. Pero don Quijote usa otros tonos idiomáticos, desde el propio de la sencillez campestre hasta el de la emoción directa. La caracterización lingüística de Sancho es, en opinión de Lázaro Carreter, uno de los grandes éxitos de Cervantes. Uno de los rasgos que identifican esta figura son los refranes. Sin embargo, este procedimiento es acumulativo ya que Sancho empieza a utilizar abundantes refranes justo después de la conversación que mantiene con su mujer en el capítulo V de la segunda parte.

Hay que sumar su extraordinario valor como narrador, destaca la creación del diálogo, componente fundamental y estructural del Quijote. Se produce una dramatización del arte de narrar y con ello el nacimiento de la novela moderna.

La intertextualidad es otro rasgo de la modernidad de Cervantes. La elección de la parodia es una de sus concreción es, pues en este género las revelaciones intertextuales son más transparentes y localizables.

El Quijote es en muchos sentidos la primera novela moderna. Su estilo lleno de comparaciones, hallazgos léxicos, metáforas y figuras del lenguaje le dan una gran capacidad sugestiva. También el humor tiene un papel estructurante si tenemos en cuenta que la obra se plantea en principio como una parodia.

La crítica ha prestado atención a una frase del prólogo del Quijote de 1615 y la ha interpretado en el contexto de las diferencias que lo separan del primer libro: “Esta segunda parte de Don Quijote que te ofrezco es cortada del mesmo artífice y del mesmo paño que la primera y que en ella te doy a don Quijote dilatado, y, finalmente, muerto y sepultado”.

En la segunda parte don Quijote se dilata, lo ocupa todo. La proporción del empleo del diálogo es también un rasgo diferenciador, así la obra resulta más dramatizada. En la segunda parte, a Cervantes le interesa menos la acción y la locura de don Quijote, es más discursiva, además muestra una seguridad creativa mayor que en la primera.

Julián Marías habla de una perfecta continuidad entre las dos partes, pero percibe en la segunda un cambio de perspectiva. Cervantes olvida la sátira y la parodia de los libros de caballerías e introduce otros aspectos en la segunda parte.

En la primera parte nadie sabe quién es don Quijote, excepto sus vecinos para los que es un hidalgo honrado y bueno. Don Quijote se va dando a conocer como un loco que a veces razona muy cuerdamente. En la segunda parte ya es una figura pública.

El autor también observa una diferencia en el tratamiento de la figura de Dulcinea. En la primera parte es una convención: el caballero andante necesita una dama, pero en la segunda parte la figura se ha transformado en algo público.

Don Quijote está pendiente de Dulcinea, suspirando por ella, esperando a que se desencante, luchando entre la repulsión que le ha producido la que le ha presentado Sancho y la Dulcinea en la cual cree y la que sigue esperando. En la melancolía que envuelve toda la segunda parte tienen también que ver los episodios que ocurren en la ínsula Barataria.

Nuestro protagonista es un hidalgo que goza de un mediano pasar. “Los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año”, los dedicaba a leer libros de caballerías. Poco a poco ese mundo fantástico va apoderándose de su cerebro y cae en la locura de interpretar lo que ocurre en la realidad como si se tratara de una de esas novelas. En ellas encuentra justamente lo que a él le falta: acción, aventuras, amor…

Si don Quijote no tuviera más trasfondo, sería simplemente un figurón cómico. El acierto de Cervantes consiste en haber pintado una criatura sumamente compleja, en la que alternan los disparates caballerescos y la reflexión sensata. Cuando no trata de asuntos relativos a su monomanía, se le admira por su cordura y agudeza.

La hondura del personaje se acrecienta con su bondad. Aunque yerre y resulte ridículo, vemos que todas sus aventuras se encaminan a lo que él considera la práctica del bien y la justicia.

Al principio está convencido de su misión como caballero andante; pero en la segunda parte, precisamente cuando los demás siguen su juego, empieza a agrietarse su fe. La duda da paso al desengaño y, con él, a la muerte.

La técnica narrativa empleada por Cervantes para la configuración del Quijote como personaje no se diferencia en absoluto de las técnicas empleadas por el resto de la narrativa de los Siglos de Oro. En la narrativa del siglo XVII la construcción del personaje está muy cerca de la configuración del personaje en la literatura popular. Tenemos que tener en cuenta que la técnica de configuración del personaje no ha llegado a su madurez. La madurez le llega en el siglo XIX.

La similitud con la literatura popular se basa principalmente en la definición apriorística del personaje y en el mantenimiento del decoro, decoro en el sentido de la preceptiva clásica (coherencia entre lo que los personajes son y lo que parece), es decir, en toda la narrativa barroca tenemos un protopersonaje.

En lo que se refiere a la configuración física del personaje, la construcción del personaje teatral y del personaje novelesco son similares, parten de la misma técnica, de la misma intención. En este sentido, tenemos que recordar que el personaje teatral en el siglo XVII se construye a partir de una idea clara y fundamental: la configuración metonímica. Con esta configuración lo que se pretende es que el personaje, a partir de un solo dato, por ejemplo, sea reconocible. Estos datos se refieren a la vestimenta y al gesto. El personaje del teatro y el de la novela son reconocibles inmediatamente con su sola aparición por todos los receptores, que están inmersos en un código de signos gestuales y físicos que permiten reconocer a los personajes.

El personaje de don Quijote responde básicamente a esta construcción. Pero hay una variante, un matiz original en Cervantes y que da sentido a la obra. Don Quijote no es don Quijote durante toda la obra. Hay un personaje que se llama Alonso Quijano, que ocupa las primeras líneas de la novela. Luego está el nudo novelesco, donde el protagonista es don Quijote. Y al final vuelve a aparecer Alonso Quijano. Podemos decir, por tanto, que don Quijote muere dos veces. Muere cuando se vuelve Alonso Quijano -muere Don Quijote, el personaje- y muere después, cuando muere Alonso Quijano -muere el hombre-.

Alonso Quijano es sólo un tipo social. Cervantes lo dice muy claro y lo dibuja en las primeras líneas de modo metonímico. Es un tipo social prácticamente anónimo. No se sabe ciertamente su apellido. Con esto está realzando su calidad de tipo novelesco. No lo individualiza. Puede ser cualquier hidalgo de mediana edad con algo de hacienda, que llevó una vida vegetativa y mantiene la apariencia de clase social que se impone en la época. Ahí aún no existe don Quijote. La novela comienza cuando nace don Quijote. Es decir, comienza como el Amadís, como el Lazarillo, etc., con el nacimiento del protagonista. Cervantes sigue, punto por punto, el Amadís. Está tomándolo como modelo. Ya hemos visto como cuando el cura y el barbero queman los libros de caballerías de don Quijote, no queman el Amadís al considerarlo el mejor de todos los libros de caballerías que se ha compuesto y único en su arte. Don Quijote no nace en el momento de ser engendrado en un lugar convencional y significativo ni tiene unos padres convencionales y significativos. No sucede como con Amadís, que cumple el mito según el cual el bebé, por el lugar en que nace y por los padres que tiene está predestinado a ser un héroe. Cervantes crea un nacimiento artificial. El personaje nace porque un hidalgo anónimo, entradísimo en años, decide en un acto de libertad, en un acto voluntario y gratuito, ser personaje, ser caballero andante. Según Avalle-Arce la existencia de don Quijote es la consecuencia de que una persona anónima decida hacer de su vida una obra de arte. Lo que hace Alonso Quijano es lo mismo que haría un pintor de la época, imitar. Así como el arte es mimesis de la naturaleza, así don Alonso Quijano quiso hacer mimesis de las novelas de caballerías. Alonso Quijano se comporta como un presunto artista que imita, no ya la naturaleza, sino otra obra de arte, las novelas de caballerías y, fundamentalmente el Amadís, en varias dimensiones:

–        En el espíritu (valeroso con los enemigos, generoso con los pobres…).

–        En la conducta (acciones).

–       En la configuración física. Cervantes sigue usando la configuración metonímica. Pero lo original aquí está en que es el propio hidalgo quien se define a sí mismo con una configuración metonímica. Alonso Quijano se construye las armas, se hace con un caballo tardando 4 días en ponerle nombre, se pone nombre a sí mismo tardando 8 días en hacerlo. Y por último, piensa en quién será su dama. Tenemos, por tanto, una construcción absolutamente convencional (la configuración metonímica) y, sin embargo, está rompiendo toda la configuración tópica del género porque no es Cervantes, no es el escritor quien configura al héroe (que es lo que sucede en las novelas de caballerías) sino que es el propio hidalgo quien lo hace. Cada una de las acciones de don Quijote se manifiesta como un acto de voluntad gratuita, como un acto de libertad. Imita a Amadís, pero lleva a cabo sus acciones de modo gratuito. En Amadís hay una causa, una experiencia que provoca una acción. Por ejemplo, Amadís hace penitencia por el desamor de Oriana,  pero don Quijote hace penitencia en Sierra Morena porque cree que es el momento adecuado y porque así lo hizo Amadís. Dulcinea no ha causado ese desamor. Vemos las mismas acciones que en el Amadís, pero sin causas previas. Aquí reside la parodia.

Por lo que a Sancho se refiere, tradicionalmente se ha visto en él un contrapunto de don Quijote, tanto en lo físico como en lo moral. Eso es una simplificación de un personaje mucho más rico y complejo. Cierto que se muestra más realista y materialista que don Quijote, pero en ocasiones es también ingenuo y se ilusiona con las mismas fantasías que el hidalgo.

Cervantes en un principio se propuso pintar un buen hombre, “con muy poca sal en la mollera”; pero, lo mismo que ocurrió con don Quijote, fue ahondando progresivamente en su talante y descubriendo nuevas perspectivas. Sancho no es arrojado, pero tiene el valor suficiente para no dejarse atropellar. Es iluso, pero, al mismo tiempo, escéptico y realista. Las quimeras de su amo lo tienen en un constante titubeo: tan pronto piensa que son sandeces como cree en los beneficios que le van a reportar. En estas facetas contradictorias se refleja con singular acierto la condición dual del ser humano.

A lo largo del relato, Sancho se va contagiando de la mentalidad de don Quijote y de su forma de hablar, fenómeno que también se produce en sentido inverso. Al final, cuando el hidalgo está ya desengañado, es su escudero quien lo anima a segur sus aventuras.

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Don Quijote y Sancho. Los dos héroes alcanzan un sentido trascendente, no sólo por las ideas que encontramos en el libro, sino por el valor simbólico que encarnan y reflejan en actitudes humanas diferentes. Son dos grandes mitos de la literatura universal porque en sus modos de ser vienen a resumirse todas las actitudes humanas posibles.

La universalidad está perfectamente integrada en existencias individuadas y personales. Ambos se presentan como personajes concretos que viven problemas trascendentes, pero no han sido creados para demostrar ninguna tesis.

Don Quijote trasciende la simple función de provocar efectos cómicos y la mera sátira contra los libros de caballerías, según Francisco Ayala. La ficción de la locura introduce un factor de organización de la imaginación del héroe. “Su objetividad quimérica, en contraste con la realidad no es ocasional o cambiante, sino firme y articulada dentro de una estructura”.

Mediante el artificio de la demencia, don Quijote hace suyo un orden histórico decaído y pretérito, al que se halla vinculado socialmente como hidalgo que es.

Don Quijote se eleva por encima de esa condición social para enfrentarse a la sociedad con un proceder basado en el ethos caballeresco.

El resultado de este enfrentamiento es el encontronazo con una sociedad desconcertada e incapaz de vivir el ethos caballeresco, pero que aún no ha aceptado la vida burguesa que se extiende por toda Europa (s. XVI).

Los más frecuente es que Don Quijote perciba un aspecto de las cosas y los demás personajes, y nosotros, otro.

El hondo valor humano del libro procede de la dialéctica entre duda y fe.

Cuando Don Quijote revela a Sancho que Dulcinea es una criatura que procede de su imaginación se aventura sin miedo por el plano de la realidad, pero Cervantes apunta agudamente la inhabilidad de nuestro caballero en sus trotes por tan bajo nivel. La fe de don Quijote debilitada tiene que poner en marcha constantemente su inventiva, por ejemplo, en la cueva de Montesinos dice “No se pueden ni deben llamar engaños los que ponen la mira en virtuosos fines”.

Los rasgos que observamos en Sancho Panza tienen su origen en la tradición folclórica, tanto lingüísticamente (rusticismos) como en las fórmulas narrativas (“Érase que se era”).

Pero Sancho y don Quijote son también un caso de paralelismo. Los dos son hombres de “abundantes bienes de razón”, (intelectuales Quijote – empíricos Sancho), que en un momento de sus vidas pierden el equilibrio guiados por una poderosa ilusión (Dulcinea para Quijote – poder/gobernador de la ínsula para Sancho).

La quijotización de Sancho responde a la afinidad espiritual, entre ambos existe mutua atracción y aproximación. Sancho sufre una pérdida gradual del buen sentido común y entra en el mundo de la fantasía atraído por el señuelo de la ínsula.

Este proceso de simbiosis culmina con el efecto contrario, el acercamiento de don Quijote a Sancho, como consecuencia del peso de la realidad. Para Madariaga, la aventura del encantamiento de Dulcinea supone el comienzo de la decadencia del héroe. Ambos comparten el mismo mundo pero desde perspectivas diferentes.

Sancho se pasa la novela transitando entre dos mundos, el de la cordura y el de don Quijote. El final del libro expresa una paradoja. “Se invertirán en cierto modo los términos y cuando don Quijote recobra la cordura y vuelve a ser Alonso Quijano, Sancho no se consuela de ello, es fiel a ese espíritu de la caballería, se ha quijotizado”, ahí está la clave de esa extraña pareja, según Julián Marías.

Otros personajes. La gama de secundarios es prácticamente inagotable. Entre ello, Francisco Márquez Villanueva destaca la creación de Dorotea, una heroína que es andaluza y no por casualidad, pues con ella Cervantes busca la expresión del genio de Andalucía.

Por otro lado, la historia de la princesa Micomicona no es sino una trasposición de la historia real de Dorotea, pues ambas han sido desposeídas de su reino amoroso por un gigante social.

Madariaga opone el carácter de Dorotea, que representa la listeza, al de Cardenio, símbolo de la cobardía y del loco amor. Estas diferencias se manifiestan incluso en sus propios discursos.

Otro personaje es el caballero de Verde Gabán, que se dibuja con rasgos paralelos y diametralmente opuestos a los de don Quijote. En él predomina la cordura, esto es un artificio para resaltar la demencia de don Quijote. Por otra parte su curiosa indumentaria llama la atención, pues en la época la ropa de colorines era propia de locos y bufones. Descubrimos que el personaje ha sido creado para hacer reír. Es la encarnación de una paradoja: el aparente dechado de cordura se nos presenta vestido de loco.

Sus contemporáneos vieron en el Quijote una novela eminentemente cómica y divertida en la que el autor ridiculiza el género caballeresco. Con el Romanticismo, llegaron las interpretaciones trascendentes, que ven al protagonista como un símbolo. El ingenioso hidalgo pasó a representar el heroísmo, la entrega, la generosidad sin límites e incluso, según ciertas lecturas, el espíritu español en su vertiente idealista. Se le ha rodeado de un halo mesiánico, de forma que el que nació como personaje desmitificador se ha convertido en mito, y con ello corremos el riesgo de perder el placer esencial de la lectura directa.

No creemos necesario recurrir a esas interpretaciones para comprender la grandeza de la creación cervantina. Basta como atractivo la comprensión de unos seres tan complejos y entrañables como don Quijote y Sancho. Nada más jugoso que vivir los mil matices de su psicología. Lo verdaderamente nuevo y revolucionario es ese acertado juego de ironía y simpatía en que se sustenta la más genial creación humorística de todos los tiempos.

A ello hay que añadir la extraordinaria pintura de la España contemporánea y la incomparable riqueza lingüística del texto.

Las interpretaciones. Don Quijote y su mundo. Francisco Rico (1990) habla de que en la gran capacidad de la novela para sugerir interpretaciones diferentes se halla el valor más universal de la obra.

El Quijote tuvo cierto éxito cuando se publicó, pero siempre por debajo de obras como La Celestina o Guzmán de Alfarache, y no llegó a alcanzar la popularidad de otras obras hoy olvidadas.

En el siglo XVII fueron los rasgos más cómicos los que llamaron la atención.

Escritores como Tirso de Molina o Gracián apreciaron en el libro el mérito de ser una invectiva contra los libros de caballerías. Esta lectura podría bien acertar con uno de los propósitos de Cervantes, quien en unos versos de El viaje del Parnaso muestra orgullo por haber escrito un libro de pasatiempo: “Yo he dado en Don Quijote pasatiempo / al pecho melancólico y mohíno, / en cualquiera sazón, en todo tiempo”. En el siglo XVII no reconoció la obra como un clásico, a ojos de sus contemporáneos tenía aire de ligereza e intrascendencia. De más éxito y reconocimiento gozó en Francia e Inglaterra.

El siglo XVIII supuso que la Real Academia patrocinara una edición (1780), con prólogo de Vicente de los Ríos titulado Análisis del Quijote, y convierte la obra de Cervantes en texto sagrado de la literatura española.

“La excepcional fortuna del Quijote en el resto de Europa es un elemento básico para comprender que en España se convirtiera en un clásico nacional”, dice Francisco Rico.

Un paso definitivo en esta profundización en el verdadero contenido de la obra lo lleva a cabo José Cadalso, que en Cartas marruecas decía por boca de Gazel “…El sentido literal es uno y el verdadero es otro muy diferente […]. Lo que se lee es una serie de extravagancias de un loco que cree que hay gigantes, encantadores, etcétera, algunas sentencias en boca de un necio y muchas escenas de la vida bien criticada; pero lo que hay debajo de esta apariencia es en mi concepto un conjunto de materias profundas e importantes”.

En el siglo XIX encontramos la edición de Diego Clemencín (1833‐1839), quien manifiesta una visión antihistórica sobre la pureza del lenguaje y el respeto a las reglas. En las notas a pie de página va localizando supuestas incorrecciones, errores gramaticales y torpezas estilísticas. Esto no quedará absolutamente rebatido hasta la publicación de El pensamiento de Cervantes de Américo Castro.

La lectura romántica del Quijote, que ha perdurado hasta hoy está representada por la lucha entre lo real con lo ideal. La fuerza de la interpretación romántica es la causa también de la conversión del protagonista en símbolo de España.

Américo Castro trata de romper con los arquetipos de cierta crítica anterior que anteponía don Quijote a Cervantes, considerando a éste como un autor irreflexivo que no fue consciente de la trascendencia de su propia creación.

Julián Marías afirma: “Cada época, acaso cada generación tiene que leer a Cervantes desde su propia situación, con su perspectiva irreducible a otras. […].

Cada época aísla y subraya ciertos aspectos, elementos o temas, posterga u olvida otros. Por eso se puede siempre volver a la obra clásica: en eso consiste su clasicismo.”

Se suele pensar que la historia de Don Quijote es la novela de un loco. Y no es así, exactamente: es la novela de un hidalgo cuerdo que se vuelve loco una temporada, no larga, de su vida y recobra la razón antes de morir.

Lo primero que llama nuestra atención es la edad del hidalgo. Frisaba en los cincuenta años hacia 1600, es decir, tenía la misma edad generacional que Cervantes; pero sus vidas tienen derroteros totalmente distintos. No es extraño, pues, que nuestro hidalgo llegue a su primera vejez con la sensación de un tremendo vacío. Pudo hacer lo que Cervantes -viajar, luchar, amar, estudiar, escribir- pero todo lo ha cambiado por una vulgarísima aurea mediocritas, poco embellecida, dado el hábitat de ese lugar de la Mancha. Nada raro es, pues, que Don Quijote se refugie en la lectura, intentado huir de su pesada y monocorde realidad.

Entre el hidalgo cuerdo y el enfermo cuerdo que muere, está colocado el héroe de la novela.

Y nuestro personaje hoy es un mito. Gente que no ha leído la novela, usa su simbolismo en la vida diaria. Mucha gente sin cultura no sabe si existió o no. Los pintores, escritores, músicos de otros siglos han creado, no un Quijote, sino el Quijote de cada siglo, de cada generación, de cada escritor.

La llegada del siglo XX no frenó el uso de la figura de Don Quijote como referencia e inspiración. Son muchos los autores que han echado mano del famoso caballero para hablar de la situación de España en cada momento de nuestra historia, siendo ejemplos de ello Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset con sus obras Vida de Quijote y Sancho y Meditaciones del Quijote, respectivamente.

Pero no sólo en la literatura o la filosofía, el siglo XX también llevó la figura de Don Quijote hasta el séptimo arte: el cine. Países como EE.UU., Francia, Israel, Brasil, Dinamarca, Italia, Finlandia, e incluso en la antigua URSS, sin olvidar España, cuentan con filmografía sobre el ingenioso hidalgo de la Mancha. Y más allá de esto, encontramos también ediciones de Don Quijote en tebeos, novela gráfica, y en cine de animación o series para la televisión, como son Quijote y Sancho o Donkey Xote -en la que se cuenta la historia desde la perspectiva de Rocinante y Rucio, visto en el capítulo XII de la segunda parte de la novela original. Es más, redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram tienen cuentas sobre el autor y su obra.

Cervantes, creador de la novela moderna, inspirador de generaciones posteriores y uno de los estandartes de la cultura española y de nuestra lengua -no podemos olvidar que es el Instituto Cervantes la institución que lleva el español a casi todos los lugares del mundo-.

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Proyecto educativo “La Guiosfera”

Ante la precariedad laboral y la crisis del sistema educativo muchas voces se alzan con nuevas propuestas.
El proyecto La Guiosfera es una de estas voces.
A finales del pasado año 2014, varios jóvenes con un objetivo común se unen para intentar dar lugar a una nueva forma de hacer educación. Partiendo de la base de sus conocimientos y experiencias empezaron con la idea de agruparse en sistema cooperativo para poder legalizar su estatus de profesores particulares. Pero las charlas, los cafés, las ideas,… multiplicaron el entusiasmo y los deseos de dar un vuelco a la actual situación.
Ahora Proyecto La Guiosfera va, poco a poco, ofreciendo sus proyectos y organizándose como un nuevo modelo de educación alternativa; sin dejar de lado el hecho de que vivimos en un país inmerso aún en la educación más tradicional y ofreciendo también ayuda en este campo.
Psicólogos, trabajadores sociales, filósofos, informáticos, maestros, químicos,… la pluralidad y multidisciplinariedad nos definen y la ilusión por demostrar que otro mundo es posible nos sostiene.
Los alumnos actuales muestran grandes deficiencias en campos como la curiosidad, la gestión de emociones, las habilidades sociales, el autoconocimiento y el pensamiento critico.
El actual sistema ha ido mermando, y no potenciando, cualidades esenciales para el ser humano y su evolución como son la creatividad y la imaginación, alimentando una adquisición de conocimientos descontextualizados y repetitivos que dan al alumnado poco margen para el verdadero aprendizaje y el deseo de aprender porque aprender se ha convertido en una obligación cuando debería ser un deseo.
Ya Platón afirmaba que “no se debe obligar a nadie aprender, ni se debe forzar las cabezas para asimilar conocimientos en ellos. Sólo se puede mostrar el camino, para que cada cual piense por sí mismo”.
Además, obvio es, que no todos tenemos las mismas capacidades, las mismas aspiraciones, las mismas necesidades, las mismas aptitudes, ¿por qué, entonces, una misma educación unificadora?

12778756_1730411690536642_2940157138384097935_oAhora el proyecto está preparado para darse a conocer, así que quedáis todos invitados a apoyar a este bonito grupo de personas, a las que me uní -aunque ya no pueda estar con ellos- la maravillosa esperanza de que siempre “otro mundo es posible, otra educación es posible”.

Gracias por los momentos compartidos, por las ideas surgidas, por los animos, las charlas, las cervezas,… Suerte en el camino.

Desde la Asociación Educativa La Guiosfera invitamos a toda la población sevillana a conocer nuestro proyecto de educación alternativa. Esta asociación nace en 2014 de un grupo plural y multidisciplinar de jovenes motivado por la preocupación de un sistema educativo estancado, y la necesidad de contribuir, desde la experiencia y el conocimiento, a generar modelos alternativos de transformación social centrados en promover personas más humanas, sociales, críticas y autónomas.

Durante la jornada del domingo 13 de marzo contaremos con talleres en los que niñ@s y adult@s aprenderemos y jugaremos junt@s. Además contaremos con la presencia de Zazít y Dudu que harán los honores de contarnos todos los detalles de este apasionante proyecto.
Después podremos compartir tod@s con una rica paella amenizad@s con buena música.

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[SAF INFORMA] Workshop: La lógica en interacción con las ciencias matemáticas clásicas (Universidad de Sevilla, 9-11 marzo 2016)‏

Workshop: La lógica en interacción con las ciencias matemáticas clásicas
(Universidad de Sevilla, 9-11 marzo 2016)
 
El próximo mes de marzo, en la Universidad de Sevilla, se celebrará el 6º
Workshop de Sevilla sobre Filosofía de las Matemáticas, que lleva por
título “La lógica en interacción con las ciencias matemáticas
clásicas”. A continuación recogemos los datos más relevantes sobre el
encuentro:
 
FECHAS: 9-11 de marzo de 2016
 
LUGAR: Universidad de Sevilla, Aula de Grados de la facultad de Filosofía

PROGRAMA:

Miércoles 9 de marzo:

– 11:00 Apertura del Workshop. J. Ferreirós (Sevilla): “La interacción entre lógica y ciencias matemáticas en los siglos XVIII y XIX” (comentarios introductorios).

– 12:30 Arancha San Ginés (Granada): pendiente de título.

– 15:30 María de Paz (Sevilla): “La interacción entre matemáticas y mecánica en el siglo XIX”.

– 17:00 Javier Legris (CONICET – Univ. Buenos Aires): “Conceptos lógicos en los sistemas diagramáticos de C.S. Peirce”.

Jueves 10 de marzo:

– 11:00 A. Lassalle Casanave (Salvador de Bahía): “Ciencia demostrativa y práctica matemática de Barrow a Kant”.

– 12:30 Davide Crippa (Berlin): “James Gregory y las pruebas de imposibilidad en geometría”.

– 15:30 Eduardo Dorrego (Coruña): “J. H. Lambert: polímata y artífice de la primera prueba de irracionalidad de π”.

– 17:00 Elías Fuentes (México): “Sobre relaciones y enfrentamientos entre geómetras alemanes y franceses a inicios del siglo XIX”.

Viernes 11 de marzo:

– 11:00 Max Fdez. de Castro (México): “Hilbert y Frege sobre los fundamentos de la geometría”.

– 12:30 M. J. Frapolli (University College London): “Realismo matemático no representacional”.

Organizado por el proyecto de investigación “La génesis del conocimiento matemático”, proyecto de excelencia de la Junta de Andalucía P12-HUM-1216.

Puede acceder al contenido completo de esta entrada en el siguiente enlace:
http://www.safil.info/la-logica-en-interaccion-con-las-ciencias-matematicas-clasicas-universidad-sevilla-9-11-marzo-2016
 

II Jornadas de debate de la REF

II Jornadas de debate de la REF 
(Facultad de Filosofia de la UNED, 4-5 marzo 2016, Madrid)'
 
El próximo de marzo la Facultad de Filosofía de la UNED
(Madrid) acogerá las II Jornadas de debate de la Red Española de Filosofía
(REF). A continuación recogemos los detalles más relevantes sobre este
encuentro:
 
LUGAR: Facultad de Filosofía de la UNED

Estas jornadas tienen un triple objetivo:

  • Informar de las actividades que REF viene desarrollando en diferentes ámbitos: la III Olimpiada Filosófica, el II Congreso de la REF, la LOMCE, la relación con otras organizaciones filosóficas, la presencia en medios de comunicación y redes sociales.

  • Debatir sobre la situación de la filosofía en el sistema español de educación, universidades e investigación, mediante la celebración de tres mesas de debate en las que intervendrán los/las presidentes/as y otros miembros de las correspondientes comisiones de trabajo de la REF: Educación, Universidades e Investigación.

  • Celebrar la Asamblea General de la REF. En ella se debatirán y, en su caso, podrán aprobarse las propuestas que presente la Junta directiva (nombramiento de los dos nuevos miembros de la Junta, admisión de nuevas entidades, presupuesto para 2016, etc.), y las que surjan de las mesas de debate precedentes.

 
Edificio de Humanidades, c/ Senda del Rey, 7, Madrid
(Autobús 46, parada “Obispo Trejo” o “Avenida Séneca”)

Puede acceder al contenido completo de esta entrada en el siguiente enlace:
http://www.safil.info/ii-jornadas-de-debate-de-la-ref-facultad-de-filosofia-de-la-uned-4-5-marzo-2016-madrid
 
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Andalucía, ¿tierra de pensamiento?

AndalucíaFilósofos andaluces
Autor del texto: Antonio Rodríguez Almodóvar, escrito en mayo de 2004.
Tres coincidencias han puesto de actualidad a tres filósofos andaluces de primera fila: Manuel García Morente (de Arjonilla, Jaén, 1886), por la reciente edición de sus obras en cuatro densos volúmenes; María Zambrano (de Vélez-Málaga, 1904), por su centenario; Adolfo Sánchez Vázquez (de Algeciras, 1915), por su nueva recopilación de textos en El valor del socialismo. Tres formas de ver el mundo bien distintas, aunque las tres afectadas casi de la misma manera -exilio, soledad, incomprensión- por la catástrofe de la Guerra Civil.
Cuando yo llegué a Madrid en 1962 para estudiar Filosofía Pura, no había el menor rastro de los dos últimos. Sólo unos años más tarde, Aranguren se acordaría de la malagueña trasterrada. De Sánchez Vázquez, “el comunista”, no supimos hasta mucho después. García Morente, en cambio, era ya reivindicado por el Opus, con el propósito de desprestigiar a Ortega. Pero los tres, de un modo u otro, procedían del autor de La rebelión de las masas. Morente abandonó el idealismo trascendental neokantiano y ateo para abrazar la razón vital orteguiana. Luego se hizo sacerdote, tras un curioso episodio de conversión fulminante y cuando a punto estaba de suicidarse en París. Zambrano llevó los postulados del maestro a la razón poética. Más tarde evolucionó hacia una forma muy particular de misticismo heterodoxo. Sánchez Vázquez simplemente renegó de todo elitismo más o menos contemplativo, para entregarse a la nueva utopía del marxismo transformador del mundo. Los tres han sido maltratados y casi devorados por el tiempo. Pero no es tarde para reconocerles el valor histórico, aparte del valor moral. Y lo que aún puedan enseñarnos, a partir de cómo se enfrentaron a la idea entonces dominante de que Dios, o bien había muerto (Nietzsche), o guardaba un irritante silencio (Unamuno). Por ejemplo, la obsesión común por el problema de la libertad individual, frente a la Providencia, al estoicismo del pueblo, a la economía, respectivamente. En el caso de la malagueña, también el concepto de “democracia económica”, que ahora propugna Saramago. Qué extrañas vueltas y revueltas.
Pero, además de la filosofía, interesa el ángulo generacional y geográfico. ¿Fue casualidad, o había algo en Andalucía capaz de producir esos ejemplares en tiempos tan difíciles? ¿Cómo circulaba la savia intelectual por donde cundía el analfabetismo? No mucho más atrás habían surgido otras promociones de pensadores del más alto nivel, como la saga de los Machado -en particular el último, Antonio, cuya aportación filosófica está todavía por reivindicar, y que fue de mucha influencia en María Zambrano- o la figura de Giner de los Ríos, en Ronda. De Ronda era también Fernando de los Ríos, cuya tesis versó sobre el pensamiento político en Platón. (Un dato curioso: el defensor a ultranza del socialismo democrático hizo el bachillerato en Córdoba junto a Ortega y Gasset). Demasiadas casualidades para medio siglo de excelencia filosófica, de aprendizajes cruzados, aunque no dejaran ni el más leve vestigio. Ni escuelas, ni seguidores. Nada. La pregunta es obligada, y da vértigo: ¿Dónde están los filósofos andaluces de hoy? ¿Qué nos va a dejar la endogámica Universidad de la democracia?

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Una teoría de Andalucía, de José Ortega y Gasset (filósofo del siglo XX, nacido en Madrid y criado en Málaga), de su obra -coescrita con la malagueña María Zambrano- Andalucía, sueño y realidad.

Durante todo el siglo XIX, España ha vivido sometida a la influencia hegemónica de Andalucía. Empieza aquella centuria con las Cortes de Cádiz; termina con el asesinato de Cánovas del Castillo, malagueño, y la exaltación de Silvela, no menos malagueño. Las ideas dominantes son de acento andaluz. Se pinta Andalucía. Se lee a los escritores meridionales. (…) España entera siente justificada su existencia por el honor de incluir en sus flancos el trozo andaluz del planeta. (…)
Lo admirable, lo misterioso, lo profundo de Andalucía está más allá de esa farsa multicolor que sus habitantes ponen ante los ojos de los turistas. (…) es una de las razas que mejor se conocen y saben a sí mismas. Tal vez no hay otra cosa que posea una conciencia tan clara de propio carácter y estilo. Merced a ello es fácil mantenerse invariablemente dentro de su perfil milenario, fiel a su destino, cultivando su exclusiva cultura.
Uno de los datos imprescindibles para entender el alma andaluza es el de su vejez. No se olvide, es, por ventura, el pueblo más viejo del mediterráneo. (…)
Andalucía, que no ha mostrado nunca pujos ni petulancias de particularismo; que no ha pretendido nunca ser un Estado aparte, es, de todas las regiones españolas, la que posee una cultura más radicalmente suya. Entendamos por cultura lo que es más directo: un sistema de actitudes ante la vida que tenga sentido, coherencia y eficacia. La vida es primeramente un conjunto de problemas esenciales a que el hombre responde con un conjunto de soluciones: la cultura.
(…) en Andalucía se ha despreciado siempre al guerrero y se ha estimado sobre todo al villano (…)
Consecuencia de este desdén a la guerra es que Andalucía haya intervenido tan poco en la historia cruenta del mundo. El hecho es tan radical, tan continuado, que de puro evidente no se ha subrayado nunca. ¿Qué papel ha sido el de Andalucía en este orden de la historia?
(…)
Andalucía ha caído en poder de todos los violentos mediterráneos, y siempre en veinticuatro horas, por decirlo así, sin ensayar siquiera la resistencia. Su táctica fue ceder y ser blanda. De este modo acabó siempre por embriagar con su delicia el áspero ímpetu del invasor. El olivo bético es símbolo de la paz como norma y principio de cultura.

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Son muchos los nombres del pensamiento andaluz a lo largo de la historia: Ibn Gabirol, Séneca, Maimónides, Averroes, Fernán Pérez de Oliva, Sebastián Fox Morcillo, Francisco Suarez, Ángel Ganivet, Francisco Giner de los Ríos, María Zambrano…  Una historia que no murió con ellos sino que sigue reflejándose en cada andaluz que se abre al camino del conocimiento, que ha llegado hasta la creación de la AAFI (Asociación Andaluza de Filosofía), y que se extiende a través de todos los que nos dedicamos a transmitir nuestro amor por el pensamiento crítico y el saber.

Así que sí, Andalucía es tierra de pensamiento. Sólo hay que volver a despertarlo.

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¿Por qué temo decirte quién soy?, de John Powell, s.j.

…nadie puede crecer en libertad y vivir en plenitud sin sentirse comprendido al menos por una persona…

Paul Tournier, psiquiatra y escritor.

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Día a día compartimos decenas de cosas insustanciales, pero no es lo único que tenemos que comunicar “tú puedes decirme quién eres tú, del mismo modo que yo puedo decirte quién soy yo”.

Pero ser persona no es algo estático, sino un proceso dinámico. Hoy no soy el de ayer y mañana no seré el de hoy. A pesar de admitir todo esto, la mayoría de las veces nos da miedo decir quiénes somos. Pero, ¿por qué?.

“Temo decirte quién soy, porque, si yo te digo quién soy, puede que no te guste cómo soy, y eso es todo lo que tengo”

Pero este miedo nos impide avanzar, y por tanto lograr felicidad e incluso amor.

La identidad real es algo que casi siempre llevamos bajo una máscara y no debemos extrañarnos porque es un reflejo natural; es parte de la condición humana. Aunque creamos que llega un momento de estabilidad total, esa creencia es falsa, o al menos no del todo verdadera ya que “nuestros estados del ego” fluctúan constantemente en función de las circunstancias.

Lo que somos se va forjando a través de la “programación” social e individual. El ser humano, plenamente humano, se libera gradualmente de su programación y se convierte en dueño de su vida, en actor de su obra.

En ocasiones recurrimos, para relacionarnos con los demás diversos “juegos”, es decir, maniobras, escudos, que llevamos cuando salimos a participar de la lucha de la vida. El problema de la supervivencia del yo a partir de este juego es la perdida del autoconocimiento y de la relación sincera con los demás.

Nos movemos en un constante cúmulo de “juegos”, de relaciones controladas por los “escudos”. “No es fácil ser honrado consigo mismo porque para ello hay que permitir que las emociones reprimidas puedan ser reconocidas como tales, y ello, a su vez, exige relatar dichas emociones a las demás”.

El libro que tenemos entre manos analiza todos los roles que podemos tener para “ocultar nuestra condición”: el egocéntrico, el frágil, el payaso, el fanfarr´pn, el hedonista, el intelectual, etc.

Pero el desvelamiento del ser-yo-mismo requiere sinceridad. Requiere de una aletheia que responde no solo a quién soy, sino quién quiero llegar a ser.

Maslow afirma que la persona plenamente humana mantiene un equilibrio entre interioridad y exterioridad. Ir de un extremo a otro es desequilibrio y falta de profundidad, pero como dijo Sócrates -o así escribe Platón en la Apología– “una vida sin reflexión no merece la pena ser vivida”.

Esto requiere una auto-aceptación: sentirnos a gusto con el cuerpo, con los sentimientos y emociones (positivas y  negativas), con los impulsos, los pensamiento y los deseos. Además debemos estar abiertos a nuevas sensaciones, pensamientos y deseos. Hay que aceptar el necesario cambio, el devenir -que diría Nietzsche-, porque lo que seremos es algo desconocido en lo que hay que adentrarse. El yo es siempre algo en potencia pero realista en sus limitaciones. Ese yo, ya lo hemos dicho, no necesita solo de la interioridad sino de la exterioridad, de estar-con-el-otro y ser-en-el-otro. Sufrir con los que sufren, alegrarse con los que están alegres… Empatizar, al fin y al cabo.

Martin Heidegger señala dos obstáculos que frenan este crecimiento del que hablamos, y en el que se centra la obra que comentamos:  1) contentarse con lo que hay y 2) la actividad desasosegada de quien busca algo más.

El resultado, elijamos uno o elijamos dos, es el enajenamiento. “En el amor debemos poseer y saborear lo que hay y, al mismo tiempo, aspirar a poseer (amar) más plenamente el bien. Este es el equilibrio conseguido por el ser plenamente humano entre “lo que hay” y “lo que está por llegar”.  En el amor, insiste Powell, el ser plenamente humano no se identifica con lo que ama.

El autor cita a Gabriel Marcel, Être et avoir, para recordarnos que nuestra civilización nos enseña a apoderarnos de las cosas cuando debería enseñarnos en el arte de desprendernos, porque no hay libertad real sin desposesion. En esta desposesión llegaremos al equilibrio, a la integración de la personalidad.

Si el hombre vive plenamente con todas sus facultades y armonizando sus fuerzas, la naturaleza humana demuestra ser constructiva; que es el destino del hombre: no la perfección, sino el crecimiento.

La persona plenamente humana es aquella que es ella misma que no se deja transformar por las circunstancias; pero la mayo parte de las veces somos como embarcaciones que se mueven por la acción del viento.

“La culpa, querido Bruto, no es de las estrellas, sino nuestra…”

Shakespeare, Julio César

quien-soy-yo

Para ser persona auténtica tengo que ser libre y capaz de expresarte mis pensamientos, hacerte saber mis opiniones y mis valores, exponerte mis miedos y mis frustraciones, reconocer mis faltas, compartir mis éxitos,… Y para todo, ante todo, saber quién soy.

Tanto Marcel, como Martin Buber, recurren al concepto de “encuentro” para hablar de la situación en la que el “otro” deja de ser un ser impersonal para convertirse en tú, un tú que entra en mi realidad, circunstancias que se entrecruzan.

Donde existe el verdadero encuentro existe una apertura de yo a tú y del tú al yo, una apertura fuente de verdadera comunicación que es el único camino para la común-unión. Escribe Erich Fromm que no podemos amar a alguien sin amar más a todo el mundo.

Powell nos recuerda que la vida humana tiene leyes y que una esencial es: usar las cosas y amar a las personas, quien invierte el sentidos sentencia a la muerte a la felicidad y la realización humana. Cita también a Viktor Frankl y su El hombre en busca de sentido, comparando a aquellas personas que forjan su identidad con las personas de los campos de concentración que al ser liberadas tenían esa libertad y extrañaban el encierro y la soledad.

Powell establece cinco niveles de comunicación para ser nosotors-con-otros: en el nivel 5 está representado el más bajo nivel de autocomunicación, siendo en realidad la no-comunicación, las personas en este nivel se relacionan pero no comparten:

“Y en la desnuda noche vi

a diez mil personas, tal vez más,

que charlaban sin hablar,

que oían sin escuchar,

que escribían canciones

que ninguna voz cantaba.

Nadie se atrevía

a romper los sonidos del silencio”

Sounds of silence, Paul Simon

En el nivel 4 hablamos de otras personas para evitar hablar de nosotros. En el 3 comenzamos a mostrarnos pero intentando mostrar la parte que sabemos que al otro va a gustarle más. En el nivel 2 comienzo, con inseguridad, a mostrar mis sentimientos (gut-level), pero tememos que  los demás no van a soportar nuestra sinceridad porque no es normal que nos comuniquemos con sinceridad, y nos vemos obligados a reprimirnos. En el nivel 1 la transparencia y sinceridad absolutas, emocional y personal. Y para ello, sobre todo, una buena comunicación alejada de la mentira. Hay que decir las cosas tal como son desde un primer momento; pero, ¡ojo!, eso no significa crear juicios sobre los demás.

Powell también hace hincapié en el hecho de que las emociones no son ni buenas ni malas, el verlas de una u otra forma está en nosotros y en nuestra idea de la represión de las emociones. En este punto es muy interesante la incursión, a partir de una observación de Chestertonhttps://es.wikipedia.org/wiki/Morris_West, en la reflexión sobre el miedo a los sentimientos.  Pero si quiero que los demás sepan de nosotros, sepan quién somos, tenemos que reconocernos en nuestros sentimientos. Hay que elegir: verbalizar o somatizar. Buscar el equilibrio para ser.

Reúne Powell al final de la obra una interesante serie de reacciones saludables y no-saludables, en la comunicación humana, una serie de mecanismos explícitos del comportamiento (defensa del ego) y un curioso índice de roles con los que podemos sentirnos identificados.

¿Por qué temo decirte quién soy? es una de esas “pequeñas” obras que nos ayudan a mirar hacia dentro y vernos desde otra perspectiva, desde el ensimismamiento. Pero un ensimismamiento desde el que me re-conozco y me muestro, y muestro lo que soy hoy. Muestro mi potencialidad, porque mañana, mañana será otro día. Y yo, quizá, otro yo.

“Cuesta tanto llegar a ser plenamente humano

que son muy pocos los que poseen

el esclarecimiento o el valor necesarios

para pagar el precio requerido…

Para ello hay que abandonar totalmente

la búsqueda de seguridad

y asumir con los brazos abiertos el riesgo de vivir.

Hay que abrazar el mundo como un amante,

sin esperar una fácil retribución de ese amor.

Hay que aceptar el dolor

como condición de la existencia.

Hay que admitir la duda y la oscuridad

como precio del conocimiento.

Hay que tener una voluntad obstinada en e conflicto,

pero siempre dispuesta a la aceptación total

de todas las consecuencias de vivir y morir”

Las sandalias del pescador, Morris L. West

El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher

Esta pequeña obrita es fácil de leer y perfecta para hacer reflexionar a los más jóvenes sobre la formación de la personalidad y la construcción del yo.
Dividida en siete capítulos en los que el caballero protagonista irá recorriendo un complejo camino que le conduce hacia sí mismo.

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En el dilema del caballero, el capítulo uno, el caballero se muestra siempre bajo su armadura, como muchos de nosotros en el día a día. Las imágenes que propone el autor en la narración nos conducirán a reflexionar sobre las siguientes cuestiones:
¿Dejamos que las personas que nos rodean nos reconozcan bajo nuestras máscaras?
El caballero se sentía mejor con la armadura, hasta tal punto que veía que lo estaba atrapando, ¿nos pasa a nosotros lo mismo?
¿Es la imagen que tiene los otros de nosotros real? ¿Dejamos que alguien no vea como somos? ¿En quién pensamos cuándo nos escondemos bajo nuestras armaduras?
¿Somos capaces de buscar ayuda cuando la necesitamos?
Construir la propia identidad es difícil, problemático, mostrarnos a los demás es conflictivo. Aislarnos, ¿nos deja sentir? No sentir, ¿nos ayuda o nos anula como personas?

En el segundo capítulo -un capítulo muy nietzscheano-, el caballero se introduce en los bosques de Merlín. Allí buscará al mago para que le ayude a desembarazarse de la armadura que lo mantiene oculto y atrapado. En su conversación con Merlín, el protagonista descubrirá que la búsqueda de la identidad es dura, compleja; un camino que no todos queremos recorrer, pero como dijo nuestro poeta “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Nuestro caballero descubrirá que oír la verdad de las cosas duele, pero que muchas veces este dolor es necesario para el crecimiento positivo del yo.
Tenemos que aceptar la vida como algo problemático, duro, y no sucumbir sino todo lo contrario, debemos usar esa problematicidad para crecer y superarnos.
Mientras haya vida, hay caminos para enfrentarla. Pero para ello hay que enfrentarse a los prejuicios, y necesitamos practicar la empatía. Pero ante todo, hacer las cosas por nosotros, no por los demás; porque muchas veces ayudarnos a nosotros mismos es el principio de la ayuda a los demás.

Así poco a poco el caballero irá adentrándose en el sendero de la verdad, el capítulo tres. En este sendero, el autor retoma la idea machadiana ya mencionada. Y nos recuerda que reconocer los errores nos ayuda a avanzar porque el no reconocimiento de esos errores actúa como una roca en el camino que nos impide finalizar nuestra búsqueda.
¿Cómo miramos a los demás?
¿Cómo nos miramos a nosotros mismos?
¿Somos sinceros con nosotros y los demás?

Tras el sendero de la verdad se adentrará en el castillo del silencio, el capitulo cuatro.
Adentrarse en el castillo significa encontrarse con uno mismo. En el silencio el yo se presenta claro y distinto, y no todos estamos dispuestos a conocernos, a re-conocernos. En el silencio, además, estamos obligados a escucharnos y a escuchar… Y no siempre nos gusta oír. Pero el silencio, y caminar -hacer camino-, es la única forma posible para ser sabio.
Aprender, reflexionar, mirar dentro de nosotros -ensimismarnos-.
Buscar la respuesta a una pregunta esencial: ¿Quién soy?
Uno nunca acaba de viajar por el sendero de la verdad. De hecho, el castillo es solo un momento del sendero. Disfrutar de los momentos sin ansiar lo que ha de venir mientras caminamos es esencial para una buena consecución del objetivo que buscamos.

En el mismo sendero, y tras el castillo del silencio, nos adentramos con el caballero en el castillo del conocimiento.
Cuando nos rodeamos de gente, ¿por qué lo hacemos? ¿necesidad o amor?
Cuando tomas una decisión, ¿en qué nos basamos? Querernos a nosotros mismos es esencial, no puedes pasarte la vida haciendo lo que otros quieren por temor a la soledad, porque al final la soledad será mayor, a pesar de estar rodeado de personas.

En el capítulo seis, el caballero llega al castillo de la voluntad y la osadía. Al llegar a este último castillo el caballero es consciente de que ha ido perdiendo la armadura, su cuerpo está libre del peso con el que cargaba. Para ello ha sido esencial enfrentarse a los miedos y desarrollar confianza, sobre todo y ante todo, en sí mismo.
Autoafirmarse como un individuo libre, autónomo, que pone toda su voluntad en construirse.

Al final de la obra, en el capítulo siete, nuestro protagonista llega a la cima de la verdadera identidad, en la que el yo construido y fortalecido, muestra a un nuevo caballero, ay sin armadura, mostrándose tal y como es. Un caballero que confía, en sí y en los demás, que se afirma y afirma su vida -“yo soy la causa, no el efecto”-.
Una persona que es uno con el todo.

Una persona que es uno entre otros. Alteridad no anulada por el grupo, sino reforzada para sobrevivir al grupo. Para ser identidad entre identidades. Porque sólo así podemos estar con los demás, entregarnos a ellos y ayudarles en su construcción… Siendo nosotros mismos sin miedo a mostrarnos a los demás.

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